Siempre hemos vivido en el castillo — Shirley Jackson

Si Siempre hemos vivido en el castillo (We Have Aways Lived in the Castle, 1962) tuviera que tener un subtítulo, debería ser «cómo escribir el primer párrafo de una novela».

Shirley Jackson (1916-1965) escribió Siempre hemos vivido en el castillo entre 1960 y 1962. Desde el principio tuvo claro el título, tan evocador como original, y se resistió a mantenerlo pese a que algún editor le dijo que era demasiado largo y difícil de recordar. El tema de la novela era algo que también tenía muy bien definido ya antes de empezar a escribir. Sin embargo, esos años no fueron fáciles. Ella estaba más que acostumbrada a escribir en los huecos que quedaban entre sus múltiples quehaceres domésticos como madre de cuatro hijos, propietaria de varias mascotas y esposa de un marido intelectual y alineado con los valores masculinos de los 50 y 60, de esos que esperaban que su mujer lo recibiera en la puerta con las pantuflas, una sonrisa, y con un delicioso aroma a comida recién hecha.

La escritura se le complicó aún más de lo normal debido a problemas de salud: padeció una colitis que la mantuvo encerrada en casa durante un tiempo en el que releyó su manuscrito y decidió que no le gustaba. Desechó el borrador y volvió a empezar la novela desde el primer capítulo. Siempre hemos vivido en el castillo vio la luz en septiembre del 62. Se trata de una novela corta, de 214 páginas, que narra en primera persona la historia de Mary Katherine «Merricat» Blackwood y su hermana Constance, que viven aisladas en una gran casa destartalada junto con su tío inválido. Pronto queda claro que el resto de habitantes del pueblo las rechaza por lo que la tragedia que acabó con la vida del resto de los Blackwood seis años atrás.

Y en este punto debemos parar para hacer una lectura atenta de ese primer párrafo:

Me llamo Mary Katherine Blackwood. Tengo dieciocho años y vivo con mi hermana Constance. A menudo pienso que con un poco de suerte podría haber sido una mujer lobo, porque mis dedos medio y anular son igual de largos, pero he tenido que contentarme con lo que tengo. No me gusta lavarme, ni los perros, ni el ruido. Me gusta mi hermana Constance, y Ricardo Plantagenet, y la Amanita phalloides, la oronja mortal. El resto de mi familia ha muerto.

Sin hacer más spoilers de los que la propia autora hace aquí, veamos por partes qué nos dice este párrafo:

  • Mary Katherine —Merricat, como la llama Constance— es una narradora muy singular. Tiene dieciocho años, pero se expresa más como una niña que como una adulta.
  • Su deseo de ser una mujer lobo junto con la afirmación de que la higiene no ocupa un lugar muy importante en su vida, nos hacen visualizarla como una criatura salvaje que teme a los perros (como animales cazadores) y al ruido (como todos los animales). Quizás teme ser perseguida.
  • Cree en la magia, en lo sobrenatural. Cree que esos dedos señalan que estaba destinada a ser una mujer lobo, pero no ha podido ser y no está contenta con lo que tiene, o con lo que es (pese a que dice que debe estarlo).
  • La manera en que nos cuenta sus preferencias, como una lista con sus tres cosas favoritas y las tres más odiadas, resulta también infantil: así lo haría una niña de corta edad. Te planteas si sufre alguna enfermedad o le ha ocurrido algo que haya retrasado su desarrollo.
  • Su hermana Constance es muy importante para ella. No solo dice que le gusta, sino que lo pone en evidencia al mencionarla dos veces en tan breve texto.
  • La mención de Ricardo Plantagenet es algo más oscura. Puede referirse a varios personajes históricos, que no comentaré para no destripar novela. Por otro lado, la referencia apunta a una cierta cultura, a un interés por la historia.
  • Y luego vienen curvas: su tercera cosa favorita es la Amanita Phalloides, conocida popularmente como oronja mortal u hongo de la muerte. Esto nos pone en alerta: esta chica excéntrica e infantil tiene interés por las setas venenosas.
  • Para acabar, deja caer la bomba: «el resto de mi familia ha muerto». Y lo menciona justo después de la seta venenosa.

Después de leer este párrafo, yo ya no pude solar la novela hasta terminarla.

Manuscrito original de la novela, con el característico papel amarillo y la ausencia de mayúsculas típica de Jackson (seguro que le habría gustado Saramago).

Nos cuenta Ruth Franklin, autora de la biografía A Rather Haunted Life, que los personajes femeninos de Jackson tienden a representar la dualidad de su propia personalidad. Constance, la hermana mayor, no sale de casa debido a ese algo que ocurrió en su pasado. Aunque no parece molestarle la situación:, es una mujer muy de su casa que se siente bien viviendo entre sus cuatro paredes sin ansiar nada más. Ella representa el lado más hogareño de Jackson, con pasión por la cocina y por el cuidado de los suyos. Merricat, por el contrario, pasa sus días explorando los terrenos que rodean la casa, acompañada de su gato negro. Ella nos muestra el lado más aventurero de la autora, combinado con ese cierto aire de bruja (el gato, el aspecto desaliñado) que siempre persiguió a Jackson.

Su asociación con la brujería empezó con la publicación de «La Lotería», cuento que horrorizó a miles de lectores y que hizo surgir rumores acerca de la escritora. Ella misma jugó con este mito, tal y como deja ver la información biográfica que apareció en su primera novela:

[…] quizás la única escritora contemporánea que además es una bruja amateur especializada en magia negra a pequeña escala y en la adivinación utilizando el tarot.

El personaje de Merricat se basa también en la menor de los Hyman-Jackson, Sarah, una niña de carácter intenso, creativa e imaginativa que compartía con su madre el interés por las artes oscuras.

Lo cierto es que Shirley Jackson sabía de brujería porque siempre había leído con fascinación todos los libros que caían en sus manos relacionados con el asunto. En su biografía, Franklin afirma que a la escritora le importaba la brujería por lo que simbolizaba: fortaleza femenina y poder. En las crónicas de brujería que tanto le gustaban (escritas por hombres, casi siempre de la iglesia) se encuentran historias de mujeres poderosas que desafían las normas sociales, que consiguen lo que desean, que son poderosas con una fuerza que emana del diablo. Franklin concluye que Jackson, al llamarse bruja, lo que hacía era reclamar para ella algo de ese poder.

La casa en la que vivió y murió Shirley Jackson en North Bennington

Otro elemento clave de esta novela es la casa en la que viven Constance y Merricat. La residencia familiar de los Blackwood ha visto tiempos mejores: es una gran casa llena de recovecos y rodeada de bosques, situada en las afueras de un pueblo. Es el «castillo» del título, la fortaleza en la que las dos hermanas encuentran refugio frente a la hostilidad del entorno. Esta casa funciona como un personaje, al igual que Hill House (La maldición de Hill House) o la mansión de los Halloran (El reloj de sol). Volviendo a Franklin (cuya biografía, por cierto, también recomiendo), las casas de Jackson simbolizan dos cosas: por un lado, los esfuerzos de las mujeres por convertir una casa en un hogar, tal y como la propia autora describía en sus crónicas domésticas cuando escribía para revistas femeninas; por otro lado, la presencia de estas grandiosas casas refleja el rol al que las mujeres debían ajustarse y las fuerzas que conspiraban para mantenerlas entre esas cuatro paredes. Leyendo la obra en el contexto de la época, entre los 50 y los 60, esta lectura encaja con la insatisfacción femenina que dio lugar a la segunda ola del movimiento feminista.

Un elemento autobiográfico más que se puede intuir en esta novela nos lo encontramos cuando Merricat hace una de sus escasas salidas al pueblo para comprar alimentos y coger libros en la biblioteca. Ella camina por las calles fingiendo que no le importa el desdén y el desprecio con el que se topa cada vez que se cruza con un vecino. Shirley Jackson vivió algo parecido en múltiples ocasiones: los suyos no eran bien recibidos por su condición de demócratas y ateos. Ella percibía que era tratada con reservas, si no con hostilidad, solo por ser diferente: es algo que ya hemos visto en el cine norteamericano de toda la vida, en la figura del forastero que llega a un pueblo del Oeste en el que sus habitantes le hacen saber de inmediato que no es bienvenido. Este tipo de situaciones dio lugar a «La Lotería», pero también la vemos reflejada en las visitas de Merricat a las tiendas del lugar.

Si te gusta la novela gótica, el suspense y el terror psicológico, no debes perderte Siempre hemos vivido en el castillo. Además de disfrutar de la novela, conocerás a Merricat, una narradora no confiable (tengo debilidad por este tipo de narradores) que te hará ver la realidad a través de su mirada única, siniestra e inolvidable.

Más información:

  • Siempre hemos vivido en el castillo (1962), Shirley Jackson.
  • Género: novela de terror, novela gótica.
  • Páginas: 214.
  • A Rather Haunted Life (2016), la biografía de Shirley Jackson escrita por Ruth Frankin es también una obra muy recomendable si te interesa esta autora. No he visto que se haya publicado en español aún.
  • Reseña de La maldición de Hill House en este blog.
  • Foto del manuscrito publicada por Ruth Franklin en Twitter.

7 comentarios en “Siempre hemos vivido en el castillo — Shirley Jackson”

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