Consejos para escritores de Shirley Jackson

La prósa hipnótica, inquietante y mordaz de Shirley Jackson (1916-1965) acaba siendo muy reconocible en cuanto lees algunos de sus cuentos o novelas. Tiene ese toque especial que, sin embargo, resulta difícil de describir, ya que se presenta con una forma aparentemente simple, con el vocabulario justo, sin adornos ni florituras.

Por supuesto, hay gran cantidad de textos académicos y amateurs que analizan la fórmula literaria detrás de éxitos de crítica y público como «La lotería», La maldición de Hill House o Siempre hemos vivido en el castillo. Pero además, tenemos la suerte de que la propia Shirley Jackson —tan aficionada a la cocina— nos ha dejado varias recetas que podemos seguir, ya sea para entender mejor la estructura que sostiene sus obras como para intentar —si osamos— emular su estilo al escribir.

Estas recetas son ensayos que preparó para conferencias en universidades. Uno de ellos, el que traigo hoy aquí, se titula «Notes For a Young Writer». En español se ha traducido como «Notas para un joven escritor», pero en realidad el texto se escribió pensando en una joven escritora en concreto: Sally (hoy Sadie), la tercera hija de Shirley Jackson y de su marido, el crítico literario Stanley Hyman. La criatura creció en una casa llena de letras: el tecleo constante de las máquinas de escribir, las veladas literarias con los invitados de sus padres, los manuscritos en papel amarillo en la mesa del comedor… Raro era que no le picara el gusanillo. No obstante, parece que le picó, sí, pero que su sistema inmunitario lo rechazó. No se convirtió en escritora. Hay que ponerse en su piel e imaginar la presión: como si estuviera caminando por el fondo del mar.

Carnet de Shirley Jackson de la Universidad de Rochester

La verdad es que no sé por qué Sally abandonó la escritura (que su madre muriera cuando ella tenía solo dieciséis años pudo tener algo que ver). Lo que sé, lo que sabemos, es que su madre la apoyó y que quiso aprovechar su experiencia para compartir con ella estas notas. He titulado esta entrada «consejos para escritores» porque no creo que sean solo válidos para jóvenes, ni siquiera para escritores noveles. Cualquier persona que escriba puede sacar alguna idea de lo que propone Jackson aquí. En el texto original vemos su toque característico.

Jackson se centra en el proceso de escritura de relatos breves o cuentos. No son unos consejos al uso (muestra, no cuentes; no te pases con los adjetivos): la autora hace un trabajo introspectivo y nos da algunas pinceladas de lo que hace que su manera de escribir cuentos sea tan especial.

Vamos allá:

Tensión y movimiento

  • Trata de mantener una tensión superficial, estirándola cuanto se necesario, sin llegar a romperla. No empieces la historia en un lugar y una época para luego introducir un gran flashback o pasar a hablar de otros personajes, ya que así es muy fácil que marees a tu lector.
  • Deja que la historia fluya de un punto a otro, sin hacer excursiones innecesarias. Por ejemplo, si en una escena describes que el chico y la chica se se va a un rincón a charlar, no te pongas a describir el tranvía que pasa por la calle. Tu lector quiere saber de qué narices están hablando esos dos.
  • Evita movimientos que no aporten nada. Procura que cada cambio de escenario o de momento en el tiempo aporten algo a la historia. En lugar de decir «se subieron al coche y se fueron a casa» prueba a decir algo como «mientras regresaban a casa, vieron desde el coche que el chico y la chica aún estaban hablando». Las descripciones no se deben quedar en eso, deben llevar a algún sitio. La esencia de la historia es el movimiento, nada debe ser estático salvo que quieras dejar al lector ahí, parado, por algún motivo.

Diálogos: busca los patrones

  • La forma en que habla la gente en la vida real es algo muy aburrido, no hay que intentar plasmar las conversaciones tal cual. Tus personajes no deben quedarse parados porque no encuentran la palabra que están buscando, ni olvidarse de lo que iban a decir, ni tartamudear a menos que quieras que lo hagan por algún motivo. En los diálogos de los libros no se repiten frases como en la vida real: normalmente los personajes lo oyen todo bien a la primera. 
  • Escucha los patrones en las conversaciones. Observa los patrones de pensamiento que se reflejan en las conversaciones. Por ejemplo, imagina a un hombre llegando a su casa que le dice a su mujer: «No te creerás lo que me ha pasado: cuando he subido al autobús me he sentado junto a una chica y entonces ha venido el cobrador y llevaba un pingüino de verdad en la cabeza. Ha resultado ser un pingüino parlante que ha dicho “tickets, por favor”. Y entonces había un tío al otro lado del pasillo y no te lo creerás, pero resulta que llevaba un loro en el bolsillo y el loro ha sacado la cabeza y ha empezado a hablar con el pingüino y nunca había visto nada igual en la vida». Su mujer le contesta: “¿Y qué aspecto tenía la chica?”. 
  • El diálogo te puede ayudar a aportar movimiento a una escena. Por ejemplo: «Odio los espárragos frescos, dijo mirando el reloj de la cocina; diez minutos más tarde se oyó repetir la frase a su tendero “odio los espárragos frescos, tardan muchísimo en cocinarse”». La transición es indolora, no es necesario decir que ha bajado a la tienda, ha dicho buenos días al tendero, etc. El lector asume todo eso.
  • Los personajes deben hablar y comportarse de manera coherente. La protagonista es vehemente y “odia” los espárragos, no es solo que no le gusten. Entonces seguro que adora las cosas que le gustan y que expresa siempre su opinión de manera vehemente.
  • Para todas las conversaciones se puede usar la palabra dijo, o dice. No es necesario decir que exclaman, gritan, razonan… A menos que lo hagan por una razón. 

Vocabulario y descripciones

  • Los adjetivos y adverbios no son siempre necesarios. Tu lector sabe lo que es un león, no hace falta que digas que es fiero o temible. Solo si es un león atípico deberás aportar un adjetivo, como lo harías si apareciera un león verde en la escena.
  • Nunca olvides el efecto grotesco de usar palabras erróneas. Di que tu personaje «acaba el pastel con un manchurrón de nata montada”.
  • Considera que las exclamaciones, la negrita, la cursiva, las mayúsculas, etc., son como el ajo y las debes usar con moderación. Recuerda que las palabras tienen dimensiones: palabras que se pueden escuchar, ver, tocar. No hay que sobrecargar las sensaciones del lector.
  • Es mejor decir algo como «risa suave» que «risa dulce», porque la primera la puede reconocer y escuchar el lector; la segunda no sabe cómo es.
  • No necesitas describir muchas cosas. Pero cuando es necesario, recuerda que nada debe ser estático, que incluso las descripciones deben aportar algo al movimiento de la historia. Por ejemplo, si quieres describir una chimenea viaje, puedes decir: «la maltrecha chimenea parecía estar deseando lanzar ladrillos a cualquiera que pasara por ahí».
  • Si el pelo de tu heroína es dorado, llámalo amarillo.

Ritmo

  • Utiliza frases cortas si quieres que el lector avance más rápido en alguna parte del relato y frases más largas y complejas cuando busques el efecto contrario.
  • A veces necesitarás pausar un poco el ritmo para que el lector descanse. Puede ocurrir tras una escena muy intensa. O cuando quieres despistarlo para acercarte luego de puntillas por detrás y darle un golpe inesperado. Ahí puedes usar alguna descripción, algo divertido, o algo que le haga parar y pensar, como este ejemplo: «ella tenía el pelo rojo y rizado y los pies grandes».
  • También puedes mantener enganchado al lector haciendo que se preocupe por lo que puede pasar. Colócale la idea en la cabeza diciendo que «el banco había estado en el mismo sitio durante 50 años y nunca había sido robado».

Tu relación con el lector

  • No desconciertes al lector. Un lector desconcertado es un enemigo. Si describes con detalle el reloj de pulsera de diamantes y rubíes de tu protagonista, el lector espera que ese reloj tenga alguna importancia en la trama. Si no la tiene, no lo describas.

Un buen final

  • El final debe estar implícito en el inicio. Como ejemplo aquí, añado el inicio de Siempre hemos vivido en el castillo, ya comentado en este blog. Quien haya leído la novela entenderá hasta qué punto está implícito el final en ese primer párrafo.

Para acabar transcribo el párrafo final casi completo, porque quién mejor que Shirley Jackson para contarnos de primera mano cómo poner una historia en movimiento:

No voy a intentar decirte como poner en marcha una trama. Solo recuerda que, tanto en la historia como fuera de ella, vives principalmente en un mundo de personas. Una historia debe contener personajes […]. Supongamos que quieres escribir un relato acerca de algo que asocias de manera vaga con «la magia». Estarás totalmente perdido, vagando sin orden entre nociones de magia y encantamientos; no harás ningún progreso hasta que conviertas esa idea, «la magia», en una persona, alguien que quiere hacer algo o cambiar algo o actuar de alguna manera. Por supuesto, una vez tengas tu primer personaje necesitarás otro, un oponente, una persona que de alguna manera sea «la antimagia»; cuando ambos estén trabajando en sus respectivas intenciones, arrastrando a otros personajes a medida que sea necesario, ya estarás metido en tu historia. Todo lo que tienes que hacer entonces es escribirlo, prestando atención a la gramática y a la puntuación, por favor.

Más información:

  • «Notes For a Young Writer» está publicado en español como parte de la antología Come along with me, traducida al español como Deja que te cuente, que incluye relatos y ensayos.

4 comentarios en “Consejos para escritores de Shirley Jackson”

  1. Buenísimos consejos. Otro libro interesante con consejos de cómo escribir es “Mientras escribo” de Stephen King. Coincide en algunas cosas con Jackson, como en evitar abusar de adverbios, adjetivos y usar el “dijo” en vez de volverse mico buscando sinónimos, buscar la sencillez…

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    1. Sí, también me encantó ese ejemplo de diálogo cuando lo leí. Creo que la exageración de la historia pone de relieve ese factor imprevisible de las conversaciones reales. Nunca puedes estar seguro de por dónde te va a salir tu interlocutor: con qué parte de lo que estás contando se ha quedado y qué parte ha pasado por alto. Gracias por comentar, Juan 🙂

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