Pálido fuego, de Vladimir Nabokov

Pálido fuego (Pale Fire, 1962) es una novela de Vladimir Nabokov. Un novela atípica, con una estructura muy peculiar y con un perfecto espécimen de narrador poco fiable. A la altura, en cuanto a credibilidad, del mismísimo Humbert Humbert de Lolita.

No quiero desvelar mucho aquí, por si no la has leído. Más adelante habrá spoilers, te avisaré antes. Porque lo mejor es llegar a Pálido fuego sin mucha información previa e ir descubriendo las sorpresas que Nabokov fue dejando en el texto para que nosotros, los lectores, trabajemos nuestra propia interpretación.

Pálido fuego se presenta como la edición póstuma del poema homónimo escrito por el poeta norteamericano John Shade. En la superficie, el texto tiene la forma típica de este tipo de libros: un prólogo del autor, llamado Charles Kinbote, seguido del poema en cuatro Cantos de Shade; a continuación encontramos las notas de Kinbote sobre los versos y, por último, un índice.

Kinbote nos informa de que conocía personalmente al difunto Shade. Ambos eran colegas en la universidad de New Wye, Appalachia. Además, eran vecinos: Kinbote había alquilado una casa al otro de la calle de Shade, desde donde podía ver la casa de su admirado poeta.

Hasta aquí la capa superficial, las apariencias. No parece muy interesante, ni mucho menos una novela. A menos que te gusten los estudios académicos sobre poesía norteamericana de mediados del siglo XX, es posible que descartes este libro en este punto.

No lo descartes.

Pálido fuego se puede leer como un estudio académico del ficticio profesor Kimbote acerca del ficticio poeta Shade, pero eso sería como leer Lolita como si fuera la desgarradora historia de amor del incomprendido profesor Humbert.

Recurriendo a la manida imagen de las muñecas rusas —topicazo, hablando de un escritor ruso—, el análisis del poema es solo la primera muñeca, la más grande, la que con su sonrisita tímida oculta en su interior una serie de matrioshkas que —quizás— no tienen una cara tan amable.

Si no abres la primera matrioshka, no sabrás si las de dentro están igual de contentas.

Pálido fuego es un ejemplo de metaficción, ya que es ficción sobre otra ficción (el poema). Es también una novela hipertextual, con enlaces entre las distintas partes del texto (las abundantes notas del poema) que ofrecen distintas interpretaciones a un mismo lector si elige cambiar el orden de lectura. Pensarás en el clásico ejemplo de Rayuela, de Cortazar, publicada un año después. O en aquellos libros infantiles en los que eliges tu propia aventura. Todos son ejemplos de hipertexto, un término que puede sonar muy moderno para principios de los 60, pero que fue acuñado solo un año después. El creador del neologismo utilizó la novela de Nabokov para hacer una demostración del funcionamiento de los hipervínculos en 1969.

Pálido fuego: aquí vienen muchos spoilers

Último aviso: no sigas si aún no has leído este libro y quieres leerlo.

Una vez abierta la primera muñeca rusa, Pálido fuego se desvela como algo mucho más interesante. El narrador es Charles Kinbote, quien se define como un profesor nativo de Zembla, una nación con cierto aire soviético del norte de Europa. Inmediatamente, ya en el prólogo, vemos que él ha venido aquí a hablar de su libro. Utiliza el poema de Shade como pretexto para hablar de sí mismo, de Zembla y para contarnos la historia de su rey, Charles II el Bienamado, quien protagonizó una huida trepidante de su reino a consecuencia de una revolución.

La historia puede resultar difícil de leer al principio, puesto que hay mucha digresión sobre asuntos zémblicos y, además, está el poema íntegro de Shade. Pero vale la pena el esfuerzo porque Nabokov va recompensando con creces al lector. Su Kinbote se autorretrata a través de sus historias grandilocuentes y también mediante su descripción de las conversaciones con Shade y, sobre todo, con Sybil, la esposa del poeta. Ella tiene calado desde el principio a este personaje rimbombante y misógino, hilarante en su interpretación de una realidad de la que se siente protagonista.

Bajo la primera capa ya comentada (Pálido fuego es la edición comentada de un poema) aparece rápidamente la segunda. En esta versión, Kinbote va dejando entrever que él es el monarca expatriado de Zembla, viviendo de incógnito en Estados Unidos. Además, está convencido de que el tema principal del poema de Shade es Zembla, puesto que en sus conversaciones con el poeta él se encargó de narrarle con todo detalle las aventuras del rey fugitivo y de su perseguidor Gradus, dignas del mejor James Bond. Kinbote trata de que Shade le deje ver el poema mientras lo está componiendo, pero no lo consigue. Cuando por fin lo acaba, Kinbote le invita a tomar una copa en su casa, pero en ese momento aparece Gradus, que ha descubierto que Kinbote es en realidad Charles. Les dispara cuando se dirigen a su casa, pero falla el tiro y mata a Shade en lugar de a Kinbote.

Viendo a Shade muerto, Kinbote le arrebata el poema de las manos y lo guarda. Al leerlo, se da cuenta de que el poema no trata sobre Zembla, sino sobre Hazel, la hija de los Shade, que se suicidó un tiempo atrás. No obstante, Kinbote no cede en su empeño. En la parte de los comentarios o notas del poema, consigue leer entre líneas e interpretar todas las referencias que el poeta escondió en sus versos acerca de la nación europea y de su heroico rey exiliado.

O quizás no. Y por eso vale tanto la pena este libro. Porque convierte al lector en una especie de detective que va recogiendo las pistas y llegando a conclusiones. Nabokov cuenta con nosotros para que la historia real salga a la superficie.

Nabokov, retador.

En esta tercera capa o lectura, Kinbote está loco y Zembla y su rey existen solo en su imaginación. Gradus, su némesis, tampoco existe. El asesino de Shade era un expresidiario que confundió al poeta con el casero de Kinbote, el juez que le envió a la cárcel.

A partir de esta lectura, diversos académicos han llegado a distintas conclusiones. La que ha tenido más aceptación es que en realidad Kinbote es un pedante profesor ruso llamado Botkin, alguien a quien nadie soporta como deja claro una mujer que le espeta en una tienda:

«Es usted una persona extraordinariamente desagradable. No entiendo cómo John y Sybil pueden soportarlo— y exasperada por mi sonrisa cortés, añadió—: Y además está usted loco».

Pero ha habido otras interpretaciones. Que Shade es el narrador y que se inventó al personaje de Kinbote para comentar su obra. O que el poema está escrito por la hija muerta de Shade, Hazel.

El propio Nabokov resolvió el puzle en una entrevista en el New York Herald Tribune:

“It is jollier than the others,” he said, “and it is full of plums that I keep hoping somebody will find. For instance, the nasty commentator is not an ex-King of Zembla nor is he Professor Kinbote. He is Professor Botkin, or Botkine, a Russian and a madman. His commentary has a number of notes dealing with entomology, ornithology, and botany. The reviewers have said that I worked my favorite subjects into this novel. What they have not discovered is that Botkin knows nothing about them, and all his notes are frightfully erroneous. . .”

Aquí lo deja claro: es el loco de Botkin. Y afirma también que sus comentarios acerca de entomología, ornitología y botánica son erróneos, lo que añade textura a este personaje tan megalómano y narcisista. Yo tengo que decir que no me di cuenta de estos errores, los busqué después, al leer la entrevista, en la que se revelan más detalles de un libro muy divertido y lleno de sorpresas que no te puedes perder si disfrutas leyendo entre líneas.

  • Un estudio de una obsesión narrada en primera persona por un personaje inolvidable.
  • La experiencia de jugar a resolver un rompecabezas creado por Nabokov, nada menos.

Más información:

La brújula de Noé, de Anne Tyler

La brújula de Noé (Noah’s Compass, 2010) es una novela de Anne Tyler, la escritora ganadora de un Pulitzer que sitúa casi todas sus obras en Baltimore.

Me ha sorprendido leer que Tyler no es de Baltimore. Nació a unos 1800 kilómetros de distancia, en Mineápolis, aunque creció en una comunidad cuáquera de Raleigh, en Carolina del Norte. Abandonó la religión de sus padres ya muy pronto: a los siete años se dio cuenta de que no podía creer en Dios y ha sido atea desde entonces, definiéndose como una persona no espiritual que no tiene interés en conocer el sentido de la vida.

Tras acabar sus estudios de Filología Rusa, Tyler se casó con un psiquiatra iraní y es entonces cuando aparece en escena Baltimore, ya que su marido obtuvo una plaza en un hospital de esta ciudad. Al principio la odiaba. Poco después, ya no se veía viviendo en otro sitio y ha convertido la ciudad en el escenario de casi todas las novelas.

Baltimore (foto de Abdullah Almutairi en Pexels.com)

Descubrí a Anne Tyler hace muchos años, cuando vi El Turista Accidental (1988) de Lawrence Kasdan en una cinta VHS de videoclub. La película me encantó, pese a que estaba cargada de adultos hechos y derechos cuyas preocupaciones me quedaban aún muy lejos (luego descubrí que no tanto, no tan lejos). Qué jóvenes me parecen ahora aquellos William Hurt, Kathleen Turner, Geena Davis y Bill Pullman. Y el corgi.

Después de ver la película leí el libro y seguí leyendo libros de esta autora, incluyendo Ejercicios respiratorios, la novela con la que ganó el Pulitzer. Por el motivo que sea —¿muchos libros en la lista y poco tiempo?— llevaba ya tiempo sin adentrarme en una historia de Tyler y leer ahora La brújula de Noé me ha dado la sensación de encontrarme con un grupo de viejos amigos. De volver a esa zona de confort de la tanto se empeñan en hacernos salir los gurús expertos en desarrollo personal.

La brújula de Noé es la decimoctava novela de Anne Tyler. Su protagonista, Liam Pennywell, es un profesor de primaria que se ha quedado sin trabajo a los 61 años. Para reducir costes, decide dejar su piso y mudarse a un modesto bloque de apartamentos en las afueras de Baltimore. En el primer capítulo nos lo encontramos en plena mudanza, acompañado por un amigo y por el novio adolescente de la menor de sus hijas. Al acabar, Liam se acuesta agotado en su nueva habitación. Cuando despierta, se encuentra en otro sitio: en la habitación de un hospital, con la cabeza vendada. Y no recuerda cómo ha llegado allí.

En el hospital vamos conociendo a la familia de Liam: sus tres hijas y su exmujer, Barbara. Nos vamos enterando de que Liam es, además, viudo: la madre de su hija mayor murió cuando la niña era aún muy pequeña. También nos cuentan qué le pasó a Liam. Alguien se coló en su apartamento con la intención de robar. Liam debió despertarse e intentó impedirlo enfrentándose al ladrón y acabó con una herida en la mano y un golpe en la cabeza que le dejó inconsciente. Un vecino oyó el ruido y llamó a emergencias.

La obsesión de Liam por recuperar esos recuerdos perdidos es lo que pone en marcha la trama de esta novela. Y no porque tenga un afán de venganza por el ladrón —en paradero desconocido— ni miedo de que vuelva a suceder. Lo que le angustia es la pérdida de control que siente al no ser capaz de recordar nada de lo que pasó. En la sala de espera de un neurólogo, a quien acude para saber si hay forma de recuperar la memoria, se fija en un paciente anciano que llega acompañado por una mujer joven. Oye como la joven pronuncia un nombre femenino justo antes de que el hombre salude a la recepcionista en voz alta, utilizando el nombre que le acaban de apuntar. Liam se queda fascinado por el rol de esa mujer, a la que considera una especie de disco duro externo de memoria, una experta en el funcionamiento de los recuerdos. Y a partir de ese momento hará todo lo posible por conocerla.

He leído toda la novela poniéndole la cara de Peter Mullan a Liam Pennywell.

La brújula de Noé es una novela simple en apariencia. De esas en las que muchos dirían que no pasa nada. Con protagonistas típicos de Tyler: un hombre de mediana edad al borde de una crisis, rodeado de una familia atípica. Retrata como nadie a personas que han llevado una vida cómoda y predecible y que, por algún acontecimiento inesperado, ven su rutina alterada. Su vida patas arriba.

No la leas si El turista accidental te pareció un peñazo. Porque va en esa línea. Tyler no es una escritora de tramas a lo Grisham, Christie o Child. Sus personajes son imperfectos, a veces antipáticos o poco agradables. Pueden ser torpes, con habilidades sociales limitadas, excéntricos, irritables. Y viven situaciones cotidianas. Precisamente por todo esto, son muy creíbles. De carne y hueso: personajes con los que los lectores nos podemos identificar.

Destaca también por el humor —a veces sutil, a veces negro— con el que retrata a los personajes o las situaciones, incluso cuando son dramáticas, como el robo en casa de Liam. Y por la precisión de su lenguaje al describir las sensaciones, con las palabras justas y creando imágenes que nos permiten ponernos en la piel de los personajes, como en esta frase que describe cómo Liam intenta recordar lo sucedido, aún en el hospital y con la cabeza vendada:

His lost memory was like a physical object just beyond his grasp. He could feel the strain in his head. It made the throbbing even worse.

Me parece muy gráfica esta imagen del esfuerzo mental intentando llegar a tocar ese objeto, la memoria perdida, justo fuera de su alcance. Tyler usa un vocabulario tan sencillo que puede parecer fácil pero que no lo es. En absoluto. El proceso de escritura de la autora es laborioso: escribe varios borradores a mano, pasando a ordenador solo las partes con las que está satisfecha; después imprime el borrador y lo reescribe de nuevo a mano. Por último, lee el texto completo en voz alta y lo graba con un dictáfono, para transcribir la versión final.

Un camino en Roland Park (Baltimore), el barrio en el que vive Anne Tyler. El Turista Accidental se rodó en casas de este mismo barrio. (foto de Eli Pousson)

La brújula de Noé te gustará si disfrutas leyendo historias creíbles de personajes de carne y hueso, con esos toques de humor tan típicos de esta escritora. Anne Tyler ha sido una escritora bastante esquiva, reacia a dar entrevistas y a aparecer en eventos públicos, pero en los últimos años dice haberse relajado un poco y ha desvelado algunos de sus secretos para crear estos personajes tan particulares: las conversaciones de gente real en la calle —o en la caja del supermercado—, el trabajo del sociólogo Erving Goffman con el estudio de la interacción social, y los vídeos de Youtube cuando necesita añadir detalles acerca de la profesión de sus personajes.

  • Un retrato de Baltimore, de sus calles y de su gente.
  • La respuesta a la pregunta ¿qué tiene que ver la brújula de Noé con todo esto?
  • Un ejemplo de cómo las grandes revelaciones de la vida nos pueden pasar desapercibidas si no estamos atentos.

Más información:

  • Imagen de Peter Mullan de Andymiah en Wikipedia.

Ancho mar de los Sargazos – Jean Rhys

Ancho mar de los Sargazos (Wide Sargasso Sea) es una novela de la escritora Jean Rhys (1890-1979) publicada en 1966. Antes de hablar de este libro, una breve introducción.

Me gusta mucho la novela del siglo XIX: Mary Shelley, Jane Austen, las Brontë, Louisa May Alcott, Oscar Wilde, Henry James, etc. Pero no me gustaría haber sido una mujer en el siglo XIX.

Ni siquiera me pondría en la piel de una de las heroínas más celebradas de la época, Jane Eyre. Es un personaje admirable, no digo que no. Jane supera a golpe de tesón una niñez dickensiana —peor, porque los protagonistas de Dickens tenían mejor pronóstico solo por haber nacido hombres— y acaba convertida en la señora de Rochester. Del atormentado y byroniano Edward Rochester. Que bajo el mismo techo en el que cortejaba a Jane —casi 20 años más joven que él— mantenía a la hija de una de sus amantes y a su legítima esposa, Bertha Mason, encerrada en una habitación de la buhardilla, con la excusa de que estaba loca.

Hay que decir que Jane rechaza a Rochester cuando se destapa el pastel de su mujer y que, cuando por fin acepta casarse con él, es porque se lo encuentra ciego y desfigurado tras haber intentado de forma heroica—sin éxito, ejem— salvar a su mujer de un incendio que ella misma había provocado. Castigado por sus pecados. Hecho un cromo. Seguro que en sus años con Jane a partir de ese momento —el final de la novela— fue mucho más manso. Además, ella había conseguido la independencia económica gracias a una herencia inesperada. Así que no es una damisela en apuros, ni mucho menos.

Jane Eyre es una gran novela, un clásico que hay que leer. Jane es un personaje muy vivo, que habla contigo, lector, como lo hacemos tantos bloggers hoy en día (su famoso «Reader, I married him»). Por supuesto, hay que situarse en en el marco histórico-social victoriano en el que Charlotte Brontë escribió esta novela. No podemos juzgar las decisiones de su protagonista como si fuera una chica de 18 años de hoy. No. La novela es revolucionaria para su época (hablamos de 1847) en su exploración de la búsqueda de la libertad de una mujer, una libertad que le permitirá expresarse tal y como es y controlar sus relaciones con los otros. Es protofeminista.

Sí, pero no olvidemos el pequeño detalle de que Rochester tenía a su primera mujer encerrada en la buhardilla.

Jean Rhys (izquierda) en los 70.

Jean Rhys no lo olvidó. Porque ella, nacida en las Antillas de padre galés y madre criolla, podía ponerse en la piel de la Bertha Mason de Brontë, nativa de Jamaica. Aunque les separaba más de un siglo, Rhys vivió en sus carnes lo que era ser una criolla en Inglaterra, a donde llegó con 16 años. Se burlaron de su acento, de la condición de otredad a la que estaba sujeta por su origen, hasta el punto de que no consiguió estudiar arte dramático como se había propuesto. A partir de ahí llevó una vida digamos que intensa, para no entrar aquí en detalles.

Rhys empezó a escribir a los veintitantos, pero Ancho mar de los Sargazos la escribió después de un parón literario de casi tres décadas, cuando tenía 76 años. Esta novela es uno de los primeros libros en los que un personaje de un libro muy conocido toma el papel de protagonista y cuenta su historia. En este caso es la loca del ático, la mismísima Bertha Mason, quien nos narra su historia desde su niñez en Jamaica, entonces una colonia británica.

Bertha no es su nombre real. Se llama Antoinette, primero Cosway y luego Mason, tras el segundo matrimonio de su madre. Rochester entra en su vida a través de un matrimonio de conveniencia: por dinero, para lograr la independencia económica de su padre. Tras un breve cortejo, se casan y se trasladan a una finca de los Mason, donde ambos comenzarán a cuestionarse la relación. Un supuesto pariente de Antoinette le hace saber a Rochester que la locura corre por las venas de su nueva esposa, heredada de su madre. A partir de ahí, cada salida de tono de Antoinette hace que se confirme la sospecha de Rochester. A su vez, ella descubre que su marido no la ama, lo que no le sienta nada bien. Él va dejando clara su indiferencia hacia ella, su desprecio incluso, hasta el punto de cambiarle el nombre.

“Don’t laugh like that, Bertha.”
“My name is not Bertha. Why do you call me Bertha?”
“Because it is a name I’m particularly fond of. I think of you as Bertha.”

Ancho mar de los Sargazos no es solo una precuela de Jane Eyre. Es una novela poscolonial, en la que Rochester representa el papel de colonizador que llega a la isla tratando de arramblar con todo lo que pueda. No solo quiere el dinero y las tierras de Antoinette. Le cambia el nombre como los colonos europeos cambiaban el nombre de los territorios que ocupaban. La posee para hacer con ella lo que quiera. Anula su identidad, preparando el camino para que acabe convertida en la figura fantasmal que Brontë necesitaba para darle ese toque gótico a su historia.

Es también una novela feminista, que denuncia la opresión patriarcal sufrida por Antoinette / Bertha. Esta doble opresión, la colonial y la patriarcal, conducirá al final horrible de Bertha en Thornfield Hall que ya conocemos.

Esta breve novela (152 páginas) es muy recomendable si te gusta Jane Eyre. Algunas personas opinan que destroza la novela de Brontë, pero yo no lo veo así. Lo que hace es dar voz a un personaje que se merecía una biografía y que, con su narrativa, pone de relieve todas esas tensiones que estaban latentes en el texto original: la dominación patriarcal y colonial y las identidades mestizas. Puedes volver a leer y a disfrutar Jane Eyre después de Ancho mar de los Sargazos, encontrando nuevos significados en escenas que podían haberte pasado desapercibidas.

Por supuesto, la obra de Rhys es solo una interpretación de lo que pudo ser la vida del personaje creado por Brontë. Es una ficción sobre otra ficción. Así que, si prefieres creer la versión de Rochester, en la que él es solo la pobre víctima de una lunática, puedes hacerlo. Es la maravillosa subjetividad de la literatura: las particularidades que tenemos como lectores —como humanos— nos permiten crear y recrear el texto de manera única en cada lectura.

  • Un viaje al exuberante Caribe de 1830: el libro está lleno de descripciones muy vívidas de la naturaleza, que sirven para subrayar el contraste con la fría y gris Inglaterra representada por Thornfield Hall.
  • Un ejemplo temprano de lo que hoy conocemos como fanfiction: nuevos textos creados por y para fans a partir de un texto original.
  • Una lección sobre el punto de vista: ¿crees que conoces bien una historia? Intenta verla desde otro ángulo.

Más información:

  • Foto de Jean Rhys de Wikimedia Commons.
  • Sandra Gilbert y Susan Gubar escribieron en los 70 un ensayo clave de la crítica literaria feminista (Madwoman in the Attic: The Woman Writer and the Nineteenth-Century Literary Imagination) que analiza el significado e importancia de Bertha y de otros personajes similares como catarsis para sus autoras.

El Invencible, de Stanislaw Lem

La mayoría de lectores conocemos al escritor polaco Stanislaw Lem (1921-2006) por Solaris (1961), una gran novela de ciencia ficción que cuenta con tres adaptaciones al cine: las de los soviéticos Nikolái Nirenburg (1968) y Andréi Tarkovski (1972) y la del estadounidense Steven Soderbergh (2002).

Acabo de leer una obra menos popular: El Invencible (1954), del subgénero conocido como hard science fiction o ciencia ficción dura, que se caracteriza por su rigor científico a la hora de describir los elementos científicos y tecnológicos que sostienen la trama. Además de Lem, otros autores de este subgénero son Isaac Asimov, Arthur C. Clarke, Michael Crichton o el marciano Andy Weir. Las novelas de ciencia ficción dura pueden resultar algo densas para lectores no aficionados al género, por la cantidad de detalles que el autor aporta para dar credibilidad a la ciencia que se describe. No me ha parecido que ese sea el caso de El Invencible, una obra que en poco más de 200 páginas va bastante al grano.

Lem, mostrando una réplica exacta del protagonista de El Invencible

La novela describe el viaje de la nave El Invencible al planeta Regis III con la misión de averiguar el paradero de la Cóndor, otra nave desaparecida un año atrás junto con toda su tripulación. Lem describe de manera muy vívida el paisaje inhóspito y desolado del planeta, de características similares a la Tierra —el aire se puede llegar a respirar, la gravedad es similar—, pero aparentemente desprovisto de vida. Pronto, los tripulantes de El Invencible descubren que sí que hay vida en el océano, en el que capturan peces muy parecidos a los de nuestro mares, por lo que les sorprende no encontrar organismos en la superficie terrestre.

El Invencible es ciencia ficción pero se puede leer también como una novela de misterio en la que se van desvelando las piezas de un rompecabezas que poco a poco va cobrando sentido. Para empezar, descubren lo que parecen ser restos de vida inteligente: una ciudad formada por unas misteriosas estructuras metálicas. Después, encuentran los restos de la Condor y los cadáveres de su tripulación. No se sabe qué les ocurrió, pero parece tener relación con una extraña forma de vida alienígena con la que se tropiezan los exploradores: unas diminutas pero temibles moscas mecánicas que componen un superorganismo capaz de anular a máquinas y humanos por igual.

La novela entretiene. Y mucho. Pero Lem no se queda en el entretenimiento. Nunca lo hace, en El Invencible tampoco. El relato te conduce además a una reflexión filosófica sobre la naturaleza de la evolución y sobre el antropocentrismo tan habitual en el género. De hecho, al inicio de esta novela nos encontramos con una situación muy común en este género, tanto en literatura como en el cine: la de los humanos arrogantes que llegan a un planeta dispuestos a arrasar con todo para rescatar —o vengar— a los suyos: si hay que aniquilar a los nativos, se aniquilan. Sin embargo, a medida que Rohan, el protagonista, se va adentrando en los dominios de esos nanobots, se le van deshaciendo las gafas de conquistador y llega a una conclusión que no cree que sus compañeros compartan:

No nos está destinado todo el universo, no todo cuanto existe nos pertenece.

Una obviedad, ¿verdad? No tanto si estudiamos la historia de la humanidad y los escenarios futuros que se plantean en gran parte de la ciencia ficción.

Al parecer, 2021 será el año de Stanislaw Lem. Para conmemorar su 100 aniversario, la editorial del MIT publicará varias de sus obras, algunas inéditas en inglés. Veo también que se va a lanzar un videojuego basado en El Invencible. Si te quieres adelantar a la celebración, te animo a empezar por El Invencible, una muy buena novela de esas que se leen casi como se ve una —muy buena— película.

  • Un viaje a un planeta muy lejano, cuya geografía similar a la de la Tierra hace que sean aún más inquietantes los hallazgos de la tripulación de El Invencible.

  • Una reflexión sobre el nombre elegido para la nave y la novela: ¿qué o quién es invencible aquí?

  • La satisfacción de ver cómo evoluciona una novela que te engaña con un principio a lo película de Bruce Willis. Pero nada que ver.

Una lectora nada común, de Alan Bennett

Los malditos corgis tienen la culpa. Isabel II anda persiguiendo a sus perros por las terrazas del palacio cuando se los encuentra ladrando a la furgoneta de la biblioteca pública móvil, aparcada junto a las puertas de las cocinas. Al entrar en el vehículo para disculparse por el ruido, conoce a un joven pinche de cocina que se convertirá en su mentor literario.

Una lectora nada común (The Uncommon Reader, 2007), de Alan Bennett, llevaba tiempo en mi (larga) lista de libros para leer: desde que vi la película The Lady in the Van (2015), basada en un libro autobiográfico de Bennett publicado en 1990.

Bennett, peinado a lo Redford en el 73.

Se trata de una novela corta de poco más de 120 páginas que se lee rápido pero que deja huella. Es muy divertida. La actual monarca del Reino Unido es esa lectora nada común del título que descubre los placeres de la lectura a los 79 años gracias a Norman Seakins, el pelirrojo gay y desgarbado que trabaja como pinche en las cocinas del palacio de Buckingham.

Es curiosa la relación entre estos dos personajes tan dispares. Parece una subversión del efecto Pigmalión, esa historia en la que un varón culto educa a una mujer de origen humilde hasta lograr su transformación en una persona instruida y elegante. Piensa en My Fair Lady, obra que aparece mencionada en las primeras páginas de esta novela. Ahora invierte la clase social de los protagonistas: Henry Higgins es el joven humilde y Eliza Dolittle es Isabel II.

Claro que aquí no hablamos de modales. La educación que recibe la reina libro a libro lo que consigue es humanizarla. Porque la reina que vemos al inicio del relato tiene mucho más en común con su figura de cera en Madame Tussauds que con cualquier otro ser humano. Como ya indica el título, ella es uncommon, lo opuesto a common: común, corriente, popular. Si no fuera porque se trata de una —casi— octogenaria, esta novela se podría leer como una Bildungsroman en la que la reina se va transformando en humana a golpe de libro.

La novela es una parodia muy sutil de la monarquía y de toda su maquinaria. El personal de palacio, acostumbrado a la reina de siempre, inmediatamente concluye que su repentino interés por la literatura solo puede ser un síntoma de senilidad. El primer ministro ve como un atrevimiento intolerable los intentos de la reina de recomendarle libros. Pero claro, la reina es la reina y nadie puede decirle lo que piensa sin más. Sus numerosos asistentes personales buscan la manera de hacerle ver que su nueva afición es poco popular. Sir Kevin, su secretario personal, de quien se nos informa que tiene el objetivo de hacer más popular la monarquía, se atreve a decirle que la lectura, aunque no exactamente elitista, resulta excluyente. No porque el pueblo no pueda leer, sino porque no lo hace. De ahí que no vea con buenos ojos la nueva afición de su majestad.

La reina con la sonrisa de saludar al pueblo, deseando volver al palacio con su libro.

La literatura es la gran protagonista de esta novela. Una lectora nada común es una carta de amor a la lectura y una estupenda reflexión sobre su función, que no es la misma para todos los lectores. Para algunos, retratados aquí en el personaje de Norman, es entretenimiento. Para otros, como la reina Isabel, es algo más.

I read, I think, because one has a duty to find out what people are like

La reina de Bennett no olvida su rol como soberana del Reino Unido y, con esta frase, busca la manera de que su afición encaje como una más de sus obligaciones: conocer cómo es la gente. Sin embargo, la lectura le hará cambiar la forma de ver la vida, como acabamos viendo en su última (y sorprendente) frase final.

Y ya termino —o el post acabará siendo más largo que la novela—, recomendándote este libro si te gusta el humor muy británico y muy travieso de Bennett, un autor al que sin duda seguiré leyendo y viendo —tengo pendiente la película La locura del Rey Jorge, con guión del autor basado en su obra de teatro del mismo título. Una lectora nada común viene, además, con el regalo adicional de una buena lista de referencias literarias, otro motivo para no perdérsela.

  • Un viaje a las interioridades del palacio de Buckingham.

  • Un paseo en la carroza real con el personaje más hilarante del libro pese sus pocas líneas de diálogo: el duque de Edimburgo.

  • Un buen consejo para lectores noveles: empieza por leer lo que más te gusta y luego ya irás subiendo el listón (si quieres).

  • Una sonrisa. No es un libro para reír a carcajadas, pero es difícil que no acabes con una sonrisilla, como mínimo.

Información adicional:

Podcasts en inglés sobre cine y libros

Tener un perro ayuda a aprender inglés. Lo sacas a pasear, te pones los cascos, le das play al podcast y… voilà! Tú aprendes, te distraes y haces ejercicio y tu perro es feliz. Te diría que incluso podría funcionar sin perro, pero nunca lo he probado. No te lo puedo asegurar.

Si te gustan los libros y el cine y quieres aprender inglés, estás de suerte. Hay muchos podcasts que te permitirán practicar un poco de listening comprehension a la vez que disfrutas escuchando críticas, entrevistas, consejos sobre técnicas de escritura, etc.

Aquí te cuento acerca de algunos de los que más suelo escuchar, pero hay por ahí muchos y muy buenos, sobre los temas que te interesen. ¿La gran ventaja de los podcasts frente al vídeo? Para mí, el factor tiempo: necesitas encontrar tiempo para ver un vídeo pero no para escuchar un podcast. Puedes hacerlo mientras conduces o en el transporte público, paseando, haciendo las tareas de casa, etc.

Podcast para nivel de inglés intermedio (B1)

Luke’s English Podcast

Luke es una muy buena mezcla de profesor de inglés y cómico de monólogos. Se nota que le gusta el cine y dedica varios episodios de su podcast a hablar sobre películas que le han gustado. Muchas veces dedica algún podcast a conversaciones con amigos y familiares. Con su madre, por ejemplo, suele hablar de libros.

Es fácil entender a Luke. Su acento es el que se conoce como RP (Received Pronunciation), que es el inglés conocido como el inglés de la BBC o el inglés de la Reina. No es un acento regional: es una mezcla de acentos del centro y del sur de Inglaterra, que denota una cierta clase social (de ahí lo de la Reina). Luke no habla muy despacio, pero sí se nota que se esfuerza por pronunciar bien cada palabra. Es perfecto para un B1, pero también para niveles más avanzados que quieren mejorar su vocabulario y pronunciación.

Algunos episodios para empezar (todos incluyen una transcripción en el enlace):

Podcasts para un nivel de inglés avanzado (B2- C1 o superior)

Disclaimer: hay que tener en cuenta que estos podcasts NO han sido creados para estudiantes de inglés, por tanto vamos a escuchar a hablantes nativos que conversan a un ritmo normal y que pueden resultar difíciles de entender si no tienes el oído entrenado. Aconsejo empezar por Luke antes de pasar a cualquiera de estos.

Para un nivel B2, una buena forma de empezar es el primer podcast de la lista, The Worried Writer. El resto son para niveles más avanzados u oídos más acostumbrados al inglés de hablantes de distintos países anglosajones.

The Worried Writer

La escritora Sarah Painter se identifica como worried writer: escritora temerosa, o preocupada. El subtítulo del podcast, dirigido principalmente a escritores en potencia, es for those suffering from self-doubt, fear and procrastination: para aquellos que sufren de inseguridad, miedo y procrastinación. A mí la descripción me encaja como anillo al dedo, así que le estuve siguiendo hasta que dejó de grabar nuevos episodios este verano, aunque ha comentado que es una pausa temporal y no un punto final. Ojalá.

Creative writing for the timid: la adoro

Sarah tiene un agradable acento escocés y habla despacio, con un tono de voz muy dulce y relajante. En su podcast cuenta en primera persona su experiencia como escritora novel, dando muchas ideas para personas que, como le ocurrió a ella, necesitan dejar de preocuparse y empezar a escribir ya. El podcast se puede seguir como una guía para las personas que se quieren empezar a escribir, ya que los consejos de Sarah abarcan desde técnicas de escritura hasta herramientas de marketing para vender tus libros, pasando por estrategias de publicación. También incluye entrevistas con otros autores, en su mayoría indies, que cuentan sus propias preocupaciones y soluciones.

  • The Worried Writer Episode#59: 2020 Writing Goals. Un episodio prepandemia en el que Sarah definía sus objetivos para este año que nos ha salido rana. Es un episodio sin entrevista, de los que ella define como «just me episodes». Desde el punto de vista del idioma, puede resultar más fácil de seguir que las entrevistas, que dependen de la velocidad y el acento de la persona invitada.
  • The Worried Writer Ep#64: Hayley Chewins ‘I work very intuitively’. Entrevista a Hayley Chewins, autora sudafricana de novela juvenil. Aunque no conozcas a los entrevistados (muchos de ellos no han sido traducidos al español), cada entrevista resulta muy interesante por la manera intimista en que se aborda el proceso creativo de cada uno de ellos, así como sus inicios en el mundo de la escritura. En el enlace al podcast encontrarás una transcripción del episodio, que te puede servir de ayuda si se te escapa parte del vocabulario.

The Creative Penn Podcast For Writers

Joanna Penn es una escritora y emprendedora británica que no para: ha escrito más de 30 libros, publica un podcast semanal y tiene su propia editorial. Reconozco que no he leído nada suyo, ya que el tipo de novela que escribe (por ejemplo, thrillers tipo El código Da Vinci), no es my cup of tea, no es lo mío. Pero su entusiasmo y energía son contagiosos. Te convence de que tú también puedes hacerlo.

Si vas a escuchar a Joanna, más vale que conozcas cuanto antes estas dos palabras, que identifican a los tipos de escritores según su forma de enfrentarse a la tarea de escribir:

  • Plotter: un plotter es un escritor que planea antes de empezar, que hace esquemas, anotaciones, o mapas mentales. Puede dedicar mucho tiempo a esta etapa y, cuando se pone a escribir, ya tiene claro cómo va a acabar la historia.
  • Pantser: un pantser, por el contrario, un escritor que va improvisando, dejando que la historia vaya evolucionando de forma libre, con solo algunas ideas de lo que puede ocurrir. La palabra viene de la expresión fly by the seat of your pants, que en español sería algo parecido a improvisar sobre la marcha.

Algunos episodios para empezar (incluyen transcripción):

David Tennant Does a Podcast With…

El actor escocés David Tennant (Dr. Who, Broadchurch, Jessica Jones, Good Omens, etc) tiene un podcast en el que entrevista a actores, guionistas, directores e incluso a un ex primer ministro. Tennant habla con un marcado acento escocés que te puede resultar difícil si no tienes el oído acostumbrado. Yo le podría escuchar durante horas y horas, me encanta.

Si no sabes por dónde empezar:

  • Gandalf himself, Ian McKellen: no te pierdas el momento en que McKellen reconoce que le confunden a menudo con Dumbledore (minuto 32:25), algo que él mismo ha comentado con el actor que interpreta al mago de Hogwarts, Michael Gambon.
  • Olivia Colman: una de mis actrices favoritas y protagonista junto a Tennant de la serie Broadchurch.
  • Neil Gaiman: el escritor es el autor del texto original de la serie Good Omens, protagonizada por Tennant.
El pelazo (de ambos) que te pierdes al escuchar el podcast

Writer’s Routine

Presentado por el enérgico Dan Simpson, este podcast se centra en las rutinas de los escritores: ¿dónde escriben?, ¿qué tienen sobre la mesa y en las paredes?, ¿qué horario eligen para trabajar? El podcast alimenta nuestro lado cotilla (estamos entrando en las casas de los escritores) y también resulta inspirador, porque los autores se desvelan como humanos normales y corrientes, con sus manías y sus defectos.

  • Matt Haig: el autor de Los humanos nos cuenta dónde escribe, como planifica su día e incluso qué tipo de fuente prefiere para escribir.

OnWriting: a podcast of the Writers Guild of America, East

El último podcast de la lista está centrado en la escritura de guiones.

  • Charlie Kaufman: el director y guionista habla de su último trabajo para Netflix, I’m Thinking of Ending Things.
  • Greta Gerwig: entrevista a la autora de la última adaptación de Little Women. Si tú también quisiste ser Jo March de niña —como Gerwig, como yo—, disfrutarás con esta adaptación.
  • Michael Arndt: el guionista de Pequeña Miss Sunshine comenta su vídeo Happy Endings, del que ya hablé aquí. Es una clase magistral que desvela el truco para escribir finales de los que dejan al público boquiabierto.

Podría seguir y seguir, porque llevo muchas horas de paseo perruno a mis espaldas y acabo escuchando muchos. Muchos. Pero creo que ya es bastante por hoy. Si tienes alguna recomendación para completar esta lista, por favor deja tu comentario 🙂

Estoy pensando en dejarlo – Charlie Kaufman / Iain Reid

La película de Netflix Estoy pensando en dejarlo (I’m Thinking of Ending Things, 2020) cuenta con devotos y detractores a partes iguales. Ha sido definida como rompecabezas, pedante, fascinante, desconcertante, enigmática, depresiva, hipnótica, delirante, pérdida de tiempo, críptica, impresionista, dura, triste, bella, surrealista, extraordinaria. Un crítico equipara la experiencia de verla a la de enfrentarse al montaje de un mueble —tipo IKEA— sin el manual de instrucciones.

Si la has visto y la has odiado, te informo antes de que sigas adelante: a mí me gustó. Mucho. Si no la has visto y decides seguir, más abajo hay spoilers: te avisaré antes.

Ya me gustó desde la primera imagen del póster de Netflix, con ese papel de pared que me recordó el relato The Yellow Wallpaper (El papel amarillo), de Charlotte Perkins Gilman, obra que comparte con la cinta de Kaufman tanto el retrato en primera persona de la depresión como la contraposición de elementos reales e imaginarios.

Vamos al argumento: la película está narrada desde el punto de vista de Lucy (Jessie Buckley), una joven que viaja en coche con su nuevo novio, Jake (Jesse Plemons), en una noche de invierno, camino de la granja de sus padres, a quienes aún no conoce. Desde el principio, ella nos dice que está pensando en dejarlo, en acabar con la relación con Jake, de manera que los espectadores nos preparamos para ver la historia de una relación que se rompe. Casi parece una peli navideña, con nieve y gorritos. Pero entonces recordamos que el director y guionista es Charlie Kaufman, el mismo que firmó los guiones de Cómo ser John Malkovich y ¡Olvídate de mí! (o mejor Eternal Sunshine of the Spotless Mind, que no suena a comedia de los Farrely como el título que le plantaron en España… quizás porque quien se lo puso solo sabía que salía Jim Carrey), así que nos preparamos para que sea imprevisible.

Charlie Kaufman luciendo una corbata hecha con retales de la camisa del padre de Jake

Y, pronto, se alcanzan nuestras expectativas. Ya en el coche, Lucy recibe llamadas de su propio número, llamadas que no atiende y que trata de ocultar a Jake. Pero es en la granja de los padres (Tony Collette y David Thewlis) cuando las cosas empiezan a ponerse raras de verdad. La madre no está bien, eso queda claro. Su sonrisa es como una mueca que oculta… no sabemos qué, pero nada bueno. El padre es más transparente pero peculiar también. Hay tensión, servida como el plato principal en la mesa de la cena, pero todavía no sabemos qué pasa. De repente se suceden unos inexplicables cambios escena tras escena: los personajes aparecen con una ropa distinta; los muebles cambian; los padres envejecen y rejuvenecen. Pero nadie, salvo Lucy, parece notarlo.

En este punto, la película crea una sensación de desasosiego, de terror incluso. De amenaza inminente, sin saber qué o cómo va a suceder. Fuera de la casa, el tiempo acompaña: la tormenta de nieve empeora. Al mismo tiempo, se van intercalando imágenes de una historia paralela, la del anciano y solitario conserje de un instituto que lleva a cabo sus tareas de limpieza. Todavía no sabemos qué relación tiene con la pareja protagonista.

Antes de pasar a los spoilers te diré que la película me atrapó. No estoy de acuerdo con el crítico que la compara con el montaje de un mueble sin instrucciones. En todo caso, puntualizaría que Kaufman nos da las instrucciones, todas, aunque no están ordenadas del primero al último paso. Y sigue sin ser una buena metáfora, porque desordenar las instrucciones de un mueble no nos aportaría mucho. Como mucho, la satisfacción de conseguir montarlo pese a los obstáculos. Sin embargo, un poco de desorden sí suele dar buenos resultados en el cine. Imagina El sexto sentido ordenada cronológicamente, con el personaje de Bruce Willis muriendo al principio. O una historia como Rebecca, si Maxim de Winter no hubiera ocultado información sobre su primera mujer.

Es cierto que Estoy pensando en dejarlo es mucho más oscura que las que he puesto como ejemplo. Estaría más en la línea de Lynch en Mulholland Drive. Como se define en esta estupenda crítica, es una película impresionista, que retrata la psicología de los protagonistas, con una mezcla de experiencias reales, recuerdos e imaginación. Y esta forma de relatar tiene un sentido: al retorcer la historia, Kaufman nos lleva de viaje por la mente humana, por el mundo de las emociones, algo que no es tampoco lineal en la vida real. Lo que importa es lo que sentimos y no lo que sucede de verdad, como dice el propio Kaufman:

“I’m not really big on explaining what things are. I let people have their experiences, so I don’t really have expectations about what people are going to think. I really do support anybody’s interpretation.”

Charlie Kaufman para Indiewire (ojo: hay spoilers a mansalva en el link)

(«No me gusta mucho explicar lo que es cada cosa. Dejo que la gente tenga sus propias experiencias, así que, en realidad, no tengo unas expectativas sobre lo que la gente va a pensar. Apoyo cualquier interpretación».)

Yo: ¡Lo tengo! Creo que el padre de Jake es Remus Lupin y que él mató a los corderos una noche que se transformó en lobo.
Charlie Kaufman: Claro, ¿por qué no?

Estoy pensando en dejarlo: SPOILERS

Estoy pensando en dejarlo está basada en la novela homónima del autor canadiense Iain Reid. La leí después de ver la película —sí, me quedé con ganas de más—. Es una novela corta (210 páginas) en cuya contraportada te preparan para lo que viene: «tendrás miedo y no sabrás por qué».

Como decía antes, Charlie Kaufman nos va dejando pistas de lo que pasa, solo hay que leerlas. Sin embargo, también nos coloca una trampa desde el primer minuto: la narración en primera persona de Lucy, interpretada por Jessie Buckley. Esto es igual en el libro.

[Aquí viene el SPOILER] –> En realidad, es Jake quien está viviendo la experiencia que tanto el libro como la película nos cuentan. Es un Jake anciano, el conserje del instituto, quien está recordando su juventud desde la soledad de su presente. El personaje de Lucy es solo lo que pudo ser y no fue: una novia perfecta basada en una conversación ocasional una noche en un bar con una desconocida. De ahí sus cambios de nombre y de profesión, e incluso de aspecto (en una escena es interpretada por otra actriz) a lo largo de la película. Vemos a los padres (los estupendos Collette y Thewlis) jóvenes y viejos, según el momento que esté recordando Jake. En una escena se ve junto al lecho de muerte de su madre. A base de estos recuerdos, vas reconstruyendo su vida. Es una historia triste pero también hermosa que no acabaré de destripar por si no la has visto.

No es una película para analizar hasta que todo encaje, sino para experimentar, para sentir. Para meterte en la mente de Kaufman como él nos metió en la de su Malcovich particular hace ya más de 20 años.

Aunque el estilo narrativo no tiene nada nada que ver, la sensación que me dejó la historia de Jake me recordó a Lo que queda del día (The Remains of the Day), de Kazuo Ishiguro, llevada al cine por James Ivory. Stevens, el protagonista, es el mayordomo perfecto y fiel a su señor que, al final de su vida, se da cuenta de que dejó pasar el amor y trata de recuperarlo cuando es demasiado tarde. En su vida ha triunfado el deber sobre el deseo, la dignidad sobre la honestidad respecto a sus sentimientos. Y surge el tema principal de la novela: el arrepentimiento al pensar en la vida que podría haber vivido y que perdió por dedicarse en cuerpo y alma a su profesión. En la historia de Jake veo algo parecido, un hombre que se arrepiente de las decisiones que tomó en su vida y que imagina lo que podría haber sido.

¿Mejor el libro o la película?

La respuesta corta: la película.

La respuesta larga, aquí —basada en mi opinión personal, nada neutral porque siempre me ha gustado Charlie Kaufman—. La novela de Reid está muy bien: es perfecta para una noche de invierno, mejor si es delante de una chimenea y tienes la suerte de que se pone a nevar. Y no le quitemos el mérito, que la idea fue suya. A mí me ha recordado a El resplandor de Stephen King, especialmente en las escenas finales en el instituto desierto y asilado en medio de una tormenta de nieve. Cambia el Overlook por el instituto, a Wendy por Lucy y a Jack Torrance por el conserje. La sensación de miedo es más intensa en estas páginas del libro —e imagino que debe serlo aún más si no sabes lo que va a pasar después—.

Que me aspen si esto no es un homenaje a El Resplandor

Pero la película va más lejos. Kaufman enriquece aún más los personajes, como ocurre con Jake. En el libro, sabemos que es un hombre muy leído y con formación científica. En la película, Kaufman llena sus diálogos de citas literarias y de cine que no aparecen en el texto de Reid. Esto, que ha molestado a críticos porque lo han visto pedante, creo que va como anillo al dedo en el contexto de la relación imaginaria de Jake: ya que Lucy es fruto de su imaginación, ¿por qué no hacerla perfecta y que pueda estar a su altura culturalmente? A mí me encantan. Creo que cuando conoces la referencia, la experiencia se enriquece. Y, cuando no, tienes material para llenar tu lista de «quiero leer» en Goodreads.

Otro punto a favor es el reparto. Jessie Buckley lo borda. Jesse Plemons, exhibiendo su exótica mezcla entre Matt Damon y Philip Seymour Hoffman, encaja como un guante en el rol pese a que no se parece en nada al Jake alto y desgarbado que describe Reid. Y Toni Collette y David Thewlis están perfectos en las desquiciantes escenas de la granja.

Info adicional:

Foto de Charlie Kaufman: Wikipedia. Anna Hanks de Austin, Texas, USA – Anomalisa Q&A with Charlie Kaufman Fantastic Fest 2015-0257.jpg, CC BY 2.0

Foto de figuras de Lego: Pxfuel

Ilustración de portada hecha con Canva.

El coleccionista – John Fowles

El coleccionista (The Collector) es la primera novela del escritor británico John Fowles, publicada en 1963. Frederick Clegg, Fred, es el protagonista, un joven solitario de origen humilde que trabaja como administrativo y que caza y colecciona mariposas en su tiempo libre.

A Fred le toca una fortuna en las quinielas y decide llevar a cabo un sueño: deja su trabajo y se compra una casa en medio del campo. Hasta ahí, lo mismo que haríamos muchos si nos cayera un premio gordo. Pero Fred es diferente. Nota que le falta algo para completar la vida perfecta con la que sueña. Y decide secuestrar a Miranda Grey, una estudiante de arte a la que llevaba un tiempo acechando, convencido de que lo que siente por ella es amor y de que será capaz de conseguir que ella lo entienda y le ame también.

El coleccionista es un thriller psicológico con tres partes bien diferenciadas: la primera parte está narrada por Fred en primera persona. Fowles nos mete en la mente enferma —que no sabe que está enferma— de este joven hermético, contenido, que oculta un interior turbio tras una imagen siempre impoluta aunque ordinaria pese a los trajes y corbatas. Nos cuenta cómo secuestra a Miranda y la lleva al sótano de su casa con el mismo tono que utiliza para contar cómo atrapa y mata a una mariposa para su colección. Nos deja ver un paralelismo entre el secuestro de Miranda y la necesidad de matar a las mariposas para exponerlas después: no le convence el método, pero no hay alternativa.

En la segunda parte es Miranda quien nos cuenta la historia a través de su diario. En la narración de Fred ya hemos conocido a la estudiante de arte mediante los diálogos que él traslada con estilo directo, reproduciendo sus palabras. Ella es superior a Clegg en todo: es mucho más inteligente y astuta, tiene ganas de vivir, de aprender y es una persona enérgica, con empuje. Madura para sus 20 años. Tras la conmoción inicial de verse secuestrada, busca la manera de convencer a Fred de que la libere. Intentará varias estrategias, como fingir que está enferma, empatizar con Fred conociendo más de su vida, tratar de convencerle de que ella también le aprecia, de que seguirían siendo amigos si la liberara. Llega incluso a probar con el sexo, para descubrir que no es eso lo que él está buscando.

En la tercera parte volvemos a la narración de Fred, ya con el desenlace que no desvelaré por si no has leído el libro.

John Fowles (Fuente: Wikipedia)

El coleccionista es el primer libro que he leído de John Fowles, de quien solo conocía la adaptación al cine de La mujer del teniente francés. Me ha gustado mucho el retrato de ambos personajes a través de sus diálogos. No hay grandes descripciones ni divagaciones, es una historia contada con un estilo conciso, que engancha. Frederick Clegg es el mal camuflado bajo una apariencia anodina, de maneras amables. Da miedo el tono insensible de sus diálogos, que dejan ver la maquinaria de su razonamiento, que, a su vez, tiene lógica dentro de la simplificada visión de la vida que él tiene: coge a una mujer, enciérrala en un sótano con todos los caprichos que pueda desear (porque recordemos que tiene dinero: le compra ropa, chocolate, arte, champagne, etc.), dile que la amas y ya solo queda esperar que ella sienta lo mismo por ti. ¿Que no sucede? Entonces es que algo está mal en la chica, que no es lo que parecía, que ha resultado ser caprichosa, testaruda y poco fiable.

Fred Clegg quiere imitar la vida que ha visto a su alrededor, pero no consigue ver que no es más que eso, una imitación. Por eso no es capaz de entender a Miranda, ni de apreciar el arte que no es una copia idéntica a la realidad. Su mirada es superficial. La vida idílica que imagina con Miranda consiste en instantáneas en las que ambos están tumbados en la cama, uno junto al otro pero sin tocarse; o él contemplando su colección de mariposas mientras ella le observa sentada, tomando una taza de té. Son escenas de casa de muñecas. Creo que Clegg sería más feliz en los escenarios falsos de El show de Truman que en la vida real, donde todo está controlado y no hay sitio para los imprevistos tan típicos de la condición humana. Desde fuera, él también es engañoso: parece humano, pero no lo es. Es lo que da miedo de él, porque te pones en la piel de Miranda y ves que lo que está intentando hacer es empatizar con un monstruo.

Otro aspecto de la novela que me ha gustado mucho es su intertextualidad. Miranda es un joven culta y, tanto en sus diálogos de la primera parte como en el diario de la segunda, se refiere a textos literarios para interpretar la realidad que vive. Se compara, por ejemplo, con Emma cuando reflexiona acerca de su pasado y se sorprende a sí misma con maquinaciones casamenteras dignas del personaje creado por Austen. Pero la obra que más aparece es La Tempestad, de Shakespeare. Miranda bautiza a su captor como Calibán, en honor al salvaje criado y esclavizado por el duque Próspero, el protagonista. Hijo de una bruja y de un demonio, Calibán intenta violar a la hija de Próspero, llamada Miranda. Fred, por su parte, quiere ocultar su verdadero nombre y se presenta como Ferdinand solo porque le suena distinguido, sin saber que el Ferdinand que aparece en La Tempestad es quien acaba enamorado de aquella otra Miranda. El contraste de clase social entre Calibán y Miranda se ve reflejado en El Coleccionista en la relación entre Fred y Miranda, subrayando así uno de los temas de la novela, el de las diferencias entre clases. Fred, de origen humilde, cree que nunca podría haberse acercado a Miranda, de clase media-alta, y ve el secuestro como la solución lógica para tenerla cerca.

Calibán, Próspero y Miranda (Fuente: John Hamilton Mortimer, CC0, via Wikimedia Commons)

La música se utiliza un elemento más que subraya estas diferencias. Fred compra discos a Miranda —los que ella le encarga— y ambos se sientan a escucharlos en el sótano. Él no entiende de arte, dice de Mozart que le suena «igual que el resto». Miranda, sin embargo, utiliza la música como una vía de escape de la situación que está viviendo. Una de sus piezas elegidas, las Variaciones Goldberg de Bach, la trasladan al apartamento de G.P., un pintor veinte años mayor que ella que le propuso matrimonio y con el que desea volver en cuanto consiga la libertad. No solo es uno de su clase: es una persona a la que admira, al contrario de lo que le ocurre con Fred, a quien corrige incluso su manera de hablar.

Si te gusta Fowles, aquí puedes leer una entrevista que le hicieron en 1977 en la BBC. Al parecer, compartía con Clegg su carácter solitario y su amor por la naturaleza.

 I was a lonely child, but my friend was always nature, rather than being the company of other boys.

«Fui un niño solitario, pero mi amiga siempre fue la naturaleza, la prefería antes que estar con otros chicos». En la entrevista dice que ese carácter solitario es un rasgo típico de futuro escritor. Afirma que, en una clase con muchos niños, podría identificar a los futuros novelistas entre los alumnos menos elocuentes, entre aquellos que, en un debate, dan su brazo a torcer y que luego se van inventando un nuevo escenario para la situación que acaban de vivir. Interesante punto de vista. No conozco a escritores/as para debatirlo, así que si escribes y estás de acuerdo o en desacuerdo con Fowles, comenta 🙂

Manual para mujeres de la limpieza, de Lucia Berlin

lucia berlin

Manual para mujeres de la limpieza es una colección de relatos de la escritora estadounidense Lucia Berlin. Pertenecen al género que se conoce como autoficción, que —como has adivinado— combina la narrativa de ficción con elementos autobiográficos.

Empecé a leer el libro sabiendo poco de Berlin: que había tenido una vida difícil y que fue alcohólica. Lo que no sabía es la densidad que tuvo su vida. Murió con solo 68 años, pero los años de Lucia Berlin son como los años de perro, equivalentes a siete años de un ser humano medio.

Tuve que leer su biografía, que Roland Barthes me perdone.

Hija de un ingeniero de minas, nació en un campamento minero de Alaska y creció en los distintos lugares a los que su padre iba siendo destinado: Idaho, Kentucky, Montana, Texas, Arizona, Chile. De adulta, continuó con su vida nómada: México, Arizona, Nuevo México, Nueva York y Los Ángeles. La Lucia de Texas fue una niña maltratada que sufrió abuso sexual. La de Arizona, una niña con un corsé ortopédico para tratar su doble escoliosis. La de Santiago de Chile, una adolescente de familia rica a quién le encendió su primer cigarrillo el príncipe Alí Khan. La de Nuevo México, una estudiante universitaria que tuvo como profesor a Ramón J. Sender.

Se casó tres veces —con un escultor, un pianista y un saxofonista heroinómano— y a los treinta años ya tenía cuatro hijos. Vivió en un loft frecuentado por artistas en Nueva York, en una casa victoriana de madera, en una antigua hacienda en Albuquerque, en una palapa con suelo de arena en Puerto Vallarta, en un parque de caravanas en Boulder y en el garaje reconvertido en vivienda de uno de sus hijos en Los Angeles.

Y su vida laboral fue también variada, ya que a Berlin no se le caían los anillos: trabajó en lo que pudo para mantener a flote a sus cuatro hijos. Fue telefonista, recepcionista, mujer de la limpieza, profesora de instituto, enfermera de urgencias y profesora de universidad.

En sus fotos vemos a una mujer de rasgos hollywoodenses, afortunada poseedora de ese conjunto de ojos claros y cejas tupidas y arqueadas que también tenía Elizabeth Taylor. Al contrario que la Taylor, Berlin era alta, tanto que temía que la operaran de la escoliosis, por si al enderezar su columna alcanzaba los 8 pies (unos 2,40 metros). Sí, era exagerada además de alta y guapa.

Manual para mujeres de la limpieza

Empiezas a leer Manual para mujeres de la limpieza y pronto notas la repetición de una serie de temas y de situaciones que se van haciendo familiares. Cada relato los presenta desde distintos ángulos, casi siempre desde el punto de vista de la narradora. Por nombrar algunos:

  • El alcoholismo y otras adicciones.
  • El abuso.
  • La familia.
  • La soledad.
  • La enfermedad y la muerte.

Con estos ingredientes, Berlin construye unas historias a menudo desoladoras, con un lenguaje crudo y directo, siempre dando con la palabra precisa para lo que nos quiere contar. La dureza de estos temas contrasta con las reflexiones de la narradora, cargadas de esperanza, ganas de vivir, empuje, amor, pasión, ternura y mucha mucha empatía. Porque Berlin tiene el don de meterse en la piel de otros gracias a una capacidad de observación única, que plasma en los personajes que pueblan los relatos.

Y ese humor. Es un humor ácido, irónico, aunque a veces se suaviza con algunos personajes y situaciones. Aunque con la lista de temas mencionados parece difícil, acabas sonriendo en muchos de los relatos.

Como comentaba al principio, aquí tenemos autoficción. Este término es posterior a Berlin, por lo que se puede decir que ella fue pionera en este género. ¿Cuánto tiene de auto y cuánto de ficción? Uno de los hijos de Berlin nos ayuda con esta duda:

Ma wrote true stories, not necessarily autobiographical, but close enough for horseshoes. Our family stories and memories have been slowly reshaped, embellished and edited to the extent that I’m not sure what really happened all the time. Lucia said this didn’t matter: the story is the thing.

Mark Berlin

(Mi traducción: “Mamá escribió historias reales, no necesariamente autobiográficas, pero muy aproximadas. Nuestras historias familiares y recuerdos han sido moldeados, embellecidos y editados hasta el punto de que ya no estoy seguro de lo que sucedió en realidad. Lucia decía que esto no importaba: la historia es lo que importa”).

Uno de los personajes más recurrentes en los relatos es la madre. En el relato “Mamá”, la narradora ha viajado a México para acompañar a su hermana Sally, enferma terminal de cáncer. En una especie de exorcismo de sus demonios familiares, hablan de su difunta madre. Era una bruja, dicen, porque lo sabía todo. Perspicaz como ella sola, se preguntaba cómo serían las sillas si nuestras rodillas se doblaran al revés y qué llevaríamos colgado del cuello si Jesucristo hubiera sido ejecutado en una silla eléctrica.

La historia continúa con muchas anécdotas que retratan a su madre como una persona temible, una alcohólica llena de odio y amargura, pero también inteligente y muy ingeniosa. Eso sí: incluso su humor era aterrador. Cuando se suicidó, escribió una nota a la narradora (alter ego de Lucia) diciéndole que nunca le perdonaría por cómo había arruinado su vida.

“She never wrote me a suicide note.”
(A mí nunca me escribió una nota de suicidio.)

“I don’t believe it. Sally, you’re actually jealous because I got all the suicide notes?”
(No me lo creo. Sally, ¿de verdad estás celosa porque todas las notas de suicidio fueron para mí?)

“Well, yes. I am.”
(Pues sí. Lo estoy.)

Viendo que la rabia consume a Sally en sus últimos días de vida, la narradora comienza a humanizar a la madre contando historias de cómo era antes de beber. Una infancia en la pobreza, durante la Gran Depresión. Un padre también alcohólico y déspota. La esperanza de una vida mejor al casarse con Ed, el ingeniero de minas. Su vida en Alaska. El nacimiento de la narradora. La ausencia de Ed por trabajo, ella sola con su bebé recién nacido durante unos meses. Al volver, Ed se la encontró borracha y dando tumbos con el bebé en brazos. A partir de ese día, no le permitió acercarse a la niña.

Llegó la guerra, Ed se fue al frente y la familia se mudó a Texas. Ya había nacido Sally, la pequeña, que fue criada por su abuela mientras su madre salía a beber, cada vez más. Las niñas sufrieron los abusos de dos alcohólicos, su madre y su abuelo. Al volver su padre, se mudaron a Arizona y tuvieron un paréntesis de felicidad. Sin embargo, su madre ya se había distanciado y no sabía cómo estar con las niñas. Pensaba que la odiaban y se defendía burlándose de ellas, hiriendo antes de que le hicieran daño a ella.

Luego, el viaje a Chile. Ahí vivieron en una mansión con sirvientes, pero ella les temía. Le aterrorizaba no estar a la altura. Se empezó a encerrar, en su casa, en su habitación. Ed contribuyó al encierro y a la caída definitiva, restringiendo la bebida pero sin buscarle ayuda.

¿Lo ves? —le dice la narradora a Sally—, ¿ves lo duro que fue para ella? Consigue su objetivo y Sally acaba llorando, deseando haber podido hablar con ella y decirle cuánto la quería. Pero entonces, la narradora se gira hacia el lector y confiesa:

Me… I have no mercy.

No, no se apiada de su madre. Era todo una historia más para liberar a su hermana de esa rabia.

Y no, no cuento más historias porque es absurdo intentar resumirlas aquí. Hay que leerlas. No es solo lo que cuenta Lucia Berlin, sino cómo lo cuenta. Una alumna suya de sus años como profesora universitaria recuerda su consejo: «escribe lo que ves, no lo que quieres ver. Observa. Observa de verdad”. Y esa agudeza, esa capacidad de ver y de convertir en palabras lo que captaban sus ojos, es lo que te encontrarás cuando leas este libro. Algo tan simple y tan difícil.

Leo que Almodóvar va a adaptar cinco de los cuentos que componen Manual para mujeres de la limpieza, que posiblemente empezará a rodar el próximo año. No sé cómo resultará, parece difícil trasladar a la pantalla la mirada de Berlin. En cualquier caso, tenemos tiempo de leer y releer el libro hasta que la película vea la luz.

Solo una cosa más: si tienes un nivel alto, vale la pena leerlo en inglés. Muchas de las historias tienen lugar en Chile y México y utiliza vocabulario en español mezclado con el inglés (“Sally. Dear Sal y Pimienta, Salsa, don’t be sad”; “All of a sudden, de repente“; “I teach in a pretty, fresa, mountain town now”), que forman también parte de la voz de Berlin. Eso sí, el rico vocabulario y la puntuación peculiar de la escritora hacen que sea un texto difícil, a partir de un C1, para poder disfrutarlo como merece. Si puedes, el esfuerzo valdrá la pena.

Libros que hay que leer en un otoño de pandemia

¿Qué te apetece leer, con la que está cayendo? Aquí te recomiendo unos cuantos libros para este otoño pandémico que nos ha tocado vivir, pero antes te cuento los motivos para elegir una lista como esta.

Se podría pensar que los humanos estamos escogiendo estos días novelas agradables que nos recuerden tiempos más felices. Historias de esperanza que nos recarguen la reserva de buen rollo que se va reduciendo cada vez que escuchamos las noticias.

Pues no.

Lo que se ha vendido mucho desde marzo son novelas negras, thrillers o historias de terror. También ha pasado con el cine: Contagio, una película de 2011 sobre una pandemia mortal con parecidos razonables con la covid-19, fue una de las más vistas durante el confinamiento.

¿Por qué queremos torturarnos de esta forma? Resulta que hay varias hipótesis que explican estas preferencias:

  • Las historias de terror ayudan a reducir la ansiedad. Parece que cuando nos preocupamos mucho por la protagonista en apuros de nuestro libro o película, estamos consiguiendo ignorar otros miedos mucho más profundos. Sentimos miedo al leer a Stephen King, sí, pero es un miedo controlable (al contrario que los miedos que vivimos en la realidad), lo cual resulta gratificante.
  • Las historias de catástrofes nos sirven de entrenamiento para lo que pueda venir. Los lectores y espectadores de este género fueron más resilientes durante el confinamiento. Y más prevenidos: ¿por qué se agotó el papel higiénico? Porque los lectores y espectadores de terror sabían todo lo que te tienes que llevar al refugio antinuclear para sobrevivir al Apocalipsis.
  • Los thrillers, las novelas de terror o de crímenes son más absorbentes. Nos enganchan y es más fácil que olvidemos lo que ocurre a nuestro alrededor. Además, el desenlace suele ser reconfortante, con el bien venciendo al mal casi siempre.
  • Por último, mi (no contrastada) hipótesis: cuando terminas una historia de este tipo tienes una sensación parecida a la de despertar de una pesadilla. Qué tranquilizador es saber que los monstruos que acabas de dejar atrás no existen. Todo parece más llevadero, por duro que pueda ser.

Libros que hay que leer: 10 sugerencias

He leído algunos de estos libros este año, durante el confinamiento o después. Otros son clásicos de esos que te acompañan siempre. Espero que encuentres alguno que te ayude a sobrellevar mejor estos tiempos, en especial con la entrada del otoño, estación que a mí me encanta pero que a algunas personas les puede generar un bajón anímico.

Ensayo sobre la ceguera (1995), de José Saramago. Imagina otro tipo de virus, uno que produce una ceguera instantánea. Ese es el punto de partida de esta novela asfixiante y terrorífica, donde los monstruos son los hombres y mujeres transformados por las nuevas necesidades que surgen de una enfermedad incapacitante. El miedo al contagio primero y la lucha por la supervivencia después hacen que se pongan en evidencia las fortalezas y, sobre todo, las debilidades del ser humano. El título puede confundir, ya que se trata de una novela de ficción. Pero se puede leer también como un ensayo, una reflexión ética acerca de lo que ocurre al poner a la humanidad en una situación extrema. Vamos, que Saramago ya predijo el egoísmo de los acaparadores de papel higiénico.

El resplandor (1977), de Stephen King. No parece una buena idea aceptar un trabajo como cuidador de un hotel de montaña que se quedará completamente aislado en invierno, tras las primeras nevadas. Si eres un aspirante a escritor, no niego que puede resultar atractivo. Te imaginas a tus anchas, escribiendo tus dos mil palabras diarias en tu habitación o sala favorita, sin que nadie te moleste. Pero están contigo tu mujer y tu hijo pequeño. ¿Qué pasa si alguien se pone enfermo, si necesitas un médico? ¿Qué pasa si algo desconocido decide intentar matarte? No pintaba bien, Jack Torrance.

El diario de Anne Frank (2017), novela gráfica de Ari Folman y David Polonsky. Ya conoces la historia. Esta versión ilustra con tanto detalle cómo vivían los Frank su día a día —y cómo se fueron reduciendo sus libertades poco a poco, antes de llegar a encerrarse en su escondite de la parte trasera de su empresa— que minimizará la ansiedad que puedas sentir si confinan tu ciudad o barrio. También tiene el poder de reducir la sensación de agobio por llevar la mascarilla.

El diario de Anne Frank

La carretera (2006), de Cormac McCarthy. Un padre y su hijo avanzan por una carretera rodeada de tierras yermas. El paisaje es grisáceo, lleno de cenizas que apenas dejan pasar algo de luz solar. Estamos en un escenario post-apocalíptico, viviendo muy de cerca la historia de supervivencia de lo que queda de una familia. Lo que ha pasado, el desastre que les ha llevado a esta situación, no es importante. Ya pasó. Lo importante ahora es seguir adelante por esa carretera hacia el sur, buscando los alimentos que les permitirán sobrevivir un día más.

Siempre hemos vivido en el castillo (1962), de Shirley Jackson. Otra novela de la autora de La maldición de Hill House con una casa misteriosa, en esta ocasión el castillo del título, habitado por los supervivientes de la familia Blackwood. El aislamiento, las cosas que se saben y no se cuentan, la sensación de que algo grave está a punto de pasar, son solo algunos de los elementos que alimentan una atmósfera oprimente, asfixiante. Copio el primer párrafo de esta novela narrada en primera persona, porque me parece una genialidad el retrato de la protagonista y ese cliffhanger que espero que te anime a seguir leyendo:

Me llamo Mary Katherine Blackwood. Tengo dieciocho años y vivo con mi hermana Constance. A menudo pienso que con un poco de suerte podría haber sido una mujer lobo, porque mis dedos medio y anular son igual de largos, pero he tenido que contentarme con lo que soy. No me gusta lavarme, ni los perros, ni el ruido. Me gusta mi hermana Constance, y Ricardo Plantagenet, y la Amanita phalloides, la oronja mortal. El resto de mi familia ha muerto.

Nunca me abandones (2005), de Kazuo Ishiguro. No comentaré mucho este libro: no quiero hacer ningún spoiler por si no la has leído —o no has visto la película—. Lo que empieza como una historia de un típico internado inglés va poco a poco virando hacia una distopía gótica que te atrapará y te horrorizará por su realismo.

La habitación (2010), de Emma Donoghue. La historia, narrada desde el punto de vista de un niño que solo conoce la habitación en la que nació hace cinco años. Allí convive con su madre, que se esfuerza para que cada día sea especial para el pequeño, a pesar de lo hostil del entorno y la situación.

El hombre sonriente (1994), de Henning Mankell. No puede faltar una novela negra en esta lista. Y ya que solo hay una, qué mejor representante que Mankell, padre del noir nórdico, que aquí nos lleva al mes de octubre de 1993. Un hombre huye de algo o de alguien en su coche, aterrorizado y convencido de que le persiguen. Conduce de noche, por una carretera cubierta de niebla y mantiene un intenso monólogo interno que nos va dando pistas de cómo ha llegado a esta situación. De repente, vislumbra algo a la luz de los faros que le hace detenerse en seco. No te cuento más.

Bloodchild (1984), de Octavia S. Butler. Reconozco que no conocía a Butler hasta que leí este relato breve. Lo encontré gratis en Amazon (sigue estando disponible), pero solo está editado en inglés. No obstante, veo que existe una traducción en este blog, por si no te animas con el inglés. Este cuento narra la especial relación entre un grupo de humanos que colonizó un planeta y los seres nativos que lo pueblan. La historia te atrapa. Tengo varios libros más de esta autora en mi lista de deseos.

Haz clic en la imagen si quieres descargar el relato en inglés (asegúrate de que sigue siendo gratis cuando entres).

La ridícula idea de no volver a verte, de Rosa Montero. No, esto no es una historia de terror. Es un libro inclasificable, una mezcla de la biografía de Marie Curie con apuntes autobiográficos de Montero. Sí que se trata el tema del miedo desde un punto de vista mucho más cotidiano, con otro sentido: el del vacío que produce la pérdida de un ser querido. El libro entrecruza y relaciona partes de un diario que escribió Marie tras la muerte de Pierre Curie con la historia personal de Montero, que también perdió a su marido. Aunque me sobraron los hashtags, creo que Montero hace un gran trabajo con sus reflexiones acerca de cómo superar el duelo, algo que te puede ayudar si has perdido a algún ser querido recientemente.

Uf. Espero que sumergirte en estas historias te ayude a evadirte un poco de la situación. A mí me funciona. Pero si eres de las personas que prefieren algo más ligero y divertido, dímelo y prepararé una lista muy diferente a esta. Prometido.