Finales felices

El cine comercial se basa en los finales felices. El público adora historias tipo Pretty Woman, en la que los protagonistas acaban felices y comiendo perdices en su limusina. Da igual si el guión tiene la credibilidad de un tuit de Trump. Salimos del cine sonriendo, eso es lo que importa, y así se refleja en la puntuación de la audiencia en Metacritic: a dos décimas del sobresaliente.

Pero, ¿qué pasa con la crítica? ¿Acaso no tienen corazón? ¡Un aprobado rascado! Parece que le ven lagunas a esta revisión de Cenicienta en la que el príncipe es un millonario que decide casarse con una prostituta veinte años más joven que él. Panda de esnobs.

Resulta que el guión original no tenía este final. Era algo más realista: el millonario acababa dejando a la prostituta donde la encontró, en la calle. Pero Disney, que compró los derechos de la historia, cambió el final para convertirlo en el cuento de hadas de los 90.

Tengo que reconocer que estoy más bien del lado de la crítica aquí. No consigo disfrutar este tipo de finales felices, porque no me los creo. Y no lo digo por el género, da igual si es romance, ciencia ficción o un thriller.

Y dirás: ¿qué hay de malo en que el cine nos dé un poco de alegría, aunque sea mentira? Porque, al fin y al cabo, toda ficción es una invención, una versión de la realidad que no tiene por qué parecerse a ella. No tiene nada de malo, es solo que no entro en la historia, no me la creo, y por tanto no veré otra película si me parece que va a seguir un patrón parecido.

Eso me ha hecho elegir películas con otro tipo de finales. No tristes necesariamente. No soy Scrooge. No es que quiera ver La tumba de las luciérnagas una y otra vez. No tengo tendencias autodestructivas. Entre mis favoritas, películas como Lo que queda del día, Olvídate de mí, El turista accidental, Little Women (la de Greta Gerwig), Whiplash, The Big Sick, Parásitos, Un lugar tranquilo, Alien, Misterioso Asesinato en Manhattan, Atrapado en el tiempo, El viaje de Chihiro, Fantastic Mr. Fox, Her… Solo por nombrar unas pocas, la lista es muy larga. Son historias de géneros muy diferentes y con finales de todo tipo: ambiguos, abiertos —sí, me gusta que me dejen libertad para interpretar el final—, tristes. Pero también felices.

¿Qué diferencia los finales felices que me gustan de los que no? Hasta hace poco, pensaba que la credibilidad. Insisto en que esto no tiene nada que ver con la credibilidad de todo lo que pasa en la película. Tomemos como ejemplo Atrapado en el tiempo (1993), conocida también como El día de la marmota. No es que sea muy verosímil que un tipo se despierte cada mañana en el mismo día y que solo él recuerde haber vivido ya ese día muchas veces. Pero el romance que vemos en esta película sí que me parece creíble, porque el protagonista se curra muchísimo lo de ir mejorando cada día, repitiendo una y otra vez sus avances para conquistar a la chica hasta que lo consigue (Harold Ramis, el director, afirmaba que eran 10 años, aunque por distintas fuentes de Internet se han calculado más de 30 años).

Me he puesto a pensar y a escribir sobre finales porque esta semana he visto un vídeo de Michael Arndt, titulado Endings: The Good, the Bad and the Insanely Great. Está disponible en Vimeo, en inglés. Arndt es el autor del guión de Pequeña Miss Sunshine (2006), por el que se llevó el Óscar al mejor guión original. También escribió el guión de Toy Story 3, que estuvo nominado al Óscar.

Los finales felices, según Michael Arndt

Endings es un regalo para cualquier aspirante a guionista o escritor. En el vídeo, Arndt destapa los secretos que se esconden tras la escritura de tres grandes películas: Star Wars: Episodio IV – Una nueva esperanza, El graduado, y Pequeña Miss Sunshine.

Endings habla de mucho más que finales, aunque Arndt destaca la importancia de un buen cierre para conseguir que los espectadores salgan satisfechos de la sala. Pero lo que cuenta es una guía con los ingredientes que tienen las películas que enganchan y que llegan a cierre satisfactorio para el espectador. Eso sí: insiste desde el principio en que no se trata de una fórmula, que no es la única forma de contar una historia. Que lo que hace es analizar cómo funcionan las tres películas y compartir sus reflexiones: describe, no prescribe.

Esto es lo que Michael Arndt cree que le pasará si su vídeo se interpreta como una fórmula. (Fuente: Vimeo)

El vídeo está disponible online. Solo lo he encontrado en inglés y sin subtítulos (si lo encuentras subtitulado, por favor añade el link en comentarios), pero tiene la estructura de una clase magistral en la que Arndt cuenta primero su teoría y luego la demuestra con una parte práctica, con muchos fragmentos de las tres películas y con texto sobreimpreso para apoyar lo que va narrando. Creo que se puede seguir la idea principal que quiere transmitir aunque tu nivel de inglés no sea avanzado, gracias al apoyo visual.

El vídeo se titula Endings porque Arndt estuvo trabajando como lector de guiones antes de ser guionista y notó que la mayoría de historias tenían muy buenos primer y segundo acto, pero que fracasaban en el tercero. Se encontraba con finales predecibles, mecánicos y otros del tipo “bueno, ¿y qué?”, los que nos dejan indiferentes.

A partir de ahí, su obsesión fue conocer mejor qué tienen los finales que funcionan, y llegó a la conclusión de que el cierre de la película tiene lugar en 2 minutos de clímax en los que se revela el significado de la historia y los valores que la sustentan, entendidos como las cosas por las que merece la pena vivir o tomar las decisiones que tomamos. Un gran final debe ser positivo pero sorprendente (imprevisible) y, a la vez, con un significado que transcienda, que nos llevemos puesto al salir del cine. Esta idea se basa en Robert McKee (autor de El Guión), que afirma que, si pudiera enviar un telegrama a los productores de cine del mundo, serían solo estas tres palabras: MEANING PRODUCES EMOTION (el significado provoca la emoción).

Los efectos de un gran final: euforia, liberación, claridad, ver el mundo con nuevos ojos, y la sensación de que la vida es maravillosa. (Fuente: Vimeo)

Para Arndt, las historias que llegan a la audiencia incluyen tres grupos de intereses en juego (intereses entendidos como lo que se puede ganar o perder en el desarrollo de la historia):

  • Intereses externos: como la supervivencia (Star Wars), ganar una competición (Carros de fuego) o conseguir un determinado estatus (Pequeña Miss Sunshine).
  • Intereses internos: muchas veces es el amor romántico (Amelie), el amor paternofilial (Buscando a Nemo), la amistad (Bridesmaids) o la autoestima (Rocky).
  • Intereses filosóficos: la comunidad frente al individualismo (Star Wars, Casablanca), la búsqueda de un ideal frente al “sé tú mismo” (Pequeña Miss Sunshine).

Estos intereses son los que se entremezclan en las tres películas que analiza.

El vídeo dura una hora y media. Yo lo vi en tres partes, una por película. Vale mucho la pena, tanto para aficionados al cine como para personas que escriben guiones o quieren hacerlo.

Y si te gusta, también puedes ver otros dos vídeos de Arndt:

  • Beginnings: solo 8 minutos esta vez, en los que el guionista cuenta cómo poner en marcha una historia.
  • Toy Story 3: Mistakes Made, Lessons Learned (Toy Story 3: errores cometidos y lecciones aprendidas): publicado este verano (junio de 2020), Arndt cuenta aquí cómo ha tenido que adaptarse a la situación de empezar con unos caracteres ya predefinidos, con un pasado que no se puede cambiar.

Personalmente, los vídeos de Arndt me han ayudado a entender mejor por qué unos finales me gustan más que otros. No acabo de comprar la necesidad de que el final sea positivo e imprevisible. Sí compro la idea del significado que, para mí, es ese algo que te llevas de la película, lo que permanece incluso cuando ya te has olvidado del argumento. Lo de imprevisible, también lo veo, porque lo opuesto es un final previsible que te da la sensación de guión poco trabajado. Pero no creo que siempre tenga que ser positivo, a menos que lo entendamos como algo general: el cambio que experimenta el protagonista, que le hace ver la vida de otra manera. Como último ejemplo, el final de Lo que queda del día (basada en la novela de Kazuo Ishiguro). Para no hacer mucho spoiler, solo diré que la lectura positiva es que al mayordomo (el protagonista) se le cae la venda que ha llevado en los ojos toda la vida, y que por fin ve la realidad tal y como es. Si eso lo podemos interpretar como positivo, pese a lo que le sucede (o no le sucede) justo antes, entonces estoy de acuerdo con Arndt.

Y para terminar, el final de Pequeña Miss Sunshine: así me doy el lujo de concluir el post con un insanely great ending.

1 comentario en “Finales felices”

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