Un amor — Sara Mesa

No he leído la novela Un amor (2020) de Sara Mesa. La he escuchado, con una prueba gratuita de Audible.

Tengo sentimientos encontrados con esto de los audiolibros. Escuchar un libro, ¿equivale a leerlo? ¿Sentiré que me estoy engañando si lo marco como leído en Goodreads? Si nos ponemos literales, como mucho debería poder marcarlo como escuchado en una página que se llamara Goodlistenings. Pero si pensamos en el fin y no en los medios, lo que me quedará al final, pasado un tiempo —una vez olvidados los detalles—, son las sensaciones que me ha producido este libro, que tal vez no serían muy diferentes si lo hubiera leído.

Lo narra Marta Martín con una voz muy agradable que dramatiza un poco los diálogos, cambiando a un tono grave y —a menudo— chulesco cuando lee lo que dicen los hombres.

Tengo bastante claro que no seguiré con Audible. Al menos, no por ahora —nunca digas nunca—. Creo que es una excelente opción para personas que no pueden —o tienen dificultades para— leer (por el motivo que sea) o para poder seguir leyendo mientras conduces, viajas en transporte público, haces ejercicio, etc. Lo que pasa es que esos huecos yo ya los tengo llenos de podcasts. Y cuando leo, me gusta solo leer, sea un libro de papel o electrónico (cada vez más de estos últimos).

Para mí, una desventaja de los audiolibros es que la lectura es demasiado homogénea, lineal, lenta. Este libro han sido cinco horas y pico para mí y serán cinco horas y pico para ti —salvo que utilices la opción de acelerar o ralentizar la narración, que se puede, pero con un efecto bastante cómico que igual te distrae de lo que te están contando—. Sin embargo, cuando leo el texto, voy decidiendo en qué párrafos o diálogos pararme y en cuáles quiero ir más deprisa, o cuando quiero volver atrás para releer algo.

La otra gran desventaja —para mí— es que me despisto mucho más cuando escucho. Como decía, soy muy fan del mundo del podcast, pero escuchar un episodio de cualquier programa requiere mucha menos concentración. Normalmente no pasa nada si te ausentas unos minutos, te reenganchas fácil. Con el libro, te puedes estar perdiendo una revelación crucial. Y, aunque he celebrado mucho que exista el botón de retroceder 30 segundos, me resulta más fácil releer párrafos que reescucharlos. Aunque, como tantas cosas en la vida, supongo que también será cuestión de práctica.

Un amor (2020)

Pero estamos aquí para hablar de Un amor, de Sara Mesa. Esta novela me pareció buena candidata para la prueba de Audible por su tamaño compacto (5 horas y 33 minutos a velocidad normal), por su buenas críticas en el mundo bloguero, y porque a principios de mes había leído la noticia de que era la ganadora del Premio Las Librerías Recomiendan 2021 (premio este que, a su vez, se merece el premio al premio con nombre más autoexplicativo). Vamos, que le tenía ganas al libro.

¿De qué va? Nos cuenta la historia de Natalia, Nat, una treintañera urbana que decide irse a vivir a La Escapa, una pedanía rural. Ha alquilado una casa en la que estará sola y se podrá dedicar a su nuevo trabajo de traductora literaria. Nat está escapando de algo (el nombre del pueblo ficticio no está elegido al azar, no), de un pequeño robo que cometió en la empresa en la que trabajaba. No conoceremos los detalles, solo el resultado de esa acción, ese autoexilio campestre que, ya desde la primera frase del libro, no parece tan bucólico como se imaginaba:

Al hacerse de noche es cuando cae el peso sobre ella, tan grande que tiene que sentarse para coger aliento.

Nat elige La Escapa, el campo, por un tema económico. Ha descartado irse a una población costera porque los alquileres son más elevados y no se lo puede permitir.

La novela está narrada en tercera persona, pero con un estilo indirecto libre que es casi un monólogo interior en muchos pasajes de la novela. Desde ese lugar privilegiado, la mirada de Nat, la novela nos sumerge en la atmósfera opresiva de ese entorno rural que, a través de sus habitantes, deja bien claro que ella es una intrusa. Se palpa esa sensación de los westerns, del momento en que el forastero entra en el saloon e inmediatamente la pianola se detiene, todos callan, todos los ojos se clavan en el Clint Eastwood de turno.

Solo que Nat no es Clint Eastwood. Ella no está ahí para imponerse, quiere entender y ser entendida. Encajar, dejar de ser una forastera.

El rasgo que más me ha llamado la atención de esta novela es su juego con el lenguaje, con el significado de las cosas. Con la interpretación de lo que sucede por parte de Nat, que es siempre consciente de que hay otras posibles interpretaciones y que quizás no está entendiendo bien lo que captan sus sentidos. Nat está constantemente interpretando, traduciendo, modulando su discurso, reajustando sus palabras… Esto refuerza la sensación de alienación y nos traslada su ansiedad por ese sentimiento de no ser bien acogida. Le ocurre incluso cuando nadie la está escuchando:

Carraspea y llama con timidez. De pronto se da cuenta de que no conoce el verdadero nombre del alemán. Asoma la cabeza, dice hay alguien ahí, pero suena más bien como si lo afirmara, no como una pregunta. Su voz, de hecho, no parece su voz, suena postiza, como si estuviese leyendo el papel de una obra.

Nat es una mujer joven de ciudad que no se acaba de entender con esos habitantes de campo —y mayoritariamente masculinos y machistas, condescendientes— que parecen hablar otra lengua. Y no, tampoco es casual que su trabajo sea el de traductora.

La ambigüedad de sus relaciones y de las situaciones que vive, como resultado de esos problemas de comunicación, contribuye a crear esa atmósfera turbia, malsana que te envuelve como si estuvieras ahí, junto a Nat (o dentro de ella, aunque no con el significado que encontramos en la novela).

Esta ambigüedad se pone de relieve hasta en las relaciones más cercanas, como la que tiene con Píter (sí, con i), el hippie, la persona con la que conecta al poco tiempo de llegar a La Escapa y que se convierte en un amigo extraño, en quien Nat no sabe si puede confiar.

Le ocurre incluso con Sieso, el perro que su casero le regala, un animal desconfiado como la propia Nat: ambos comparten un pasado que les hace ser como son. Pensé en la película Lost in Translation (2003): si Sieso y Nat no acabarían siendo como Bill Murray y Scarlett Johansson, dos personajes aislados encontrando una conexión. Pero Sieso —bautizado así por Nat— poco puede ayudar, viene con sus propios problemas de comunicación.

Sara Mesa (fuente)

Pronto te das cuenta de que la cerrada comunidad local de La Escapa no tiene la culpa de todo lo que le ocurre a Nat. La mayor parte de sus problemas los crea ella misma, debido a la interpretación que hace de lo que sucede a su alrededor:

Entre todas las interpretaciones posibles, Nat siempre escoge la peor. Ni siquiera cuando se convence de que sus ideas carecen de sentido está a salvo. Cualquier variación, cualquier matiz que no hubiese previsto —por mínimo o lejano que sea—, consigue que se tambalee.

De esta manera, la huida de Nat se complica. El viaje, la mudanza de la ciudad al campo, se convierte en un viaje interior mucho más trascendente.

Y quizás te preguntes donde está el amor del título. No te lo voy a decir. Solo debes saber lo que ya habrás intuido: que no es una novela romántica. Creo que el título nos permite llegar a jugar con el significado como lo haría la propia Nat: nos hablan de «un amor», uno, no «el amor». Un tipo de amor, que puede encajar con una de las acepciones de la RAE: «sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser». O que puede ser otra cosa.

Este es el primer libro que he leído de Sara Mesa (Madrid, 1976) y lo he disfrutado. Es una novela introspectiva de ritmo ágil y muy bien escrita, con un lenguaje sencillo que oculta una precisión matemática que nos lleva a sentir una cierta claustrofobia y las ganas, frecuentemente, de coger a Nat por los hombros y pedirle que se imponga, o que se vaya, o que se deje de darle tantas vueltas a las cosas, o que haga algo, lo que sea, para salir de esa situación. Vamos, que lo vives.

  • Una reflexión sobre el lenguaje y la comunicación: lo que decimos, lo que no decimos y las múltiples interpretaciones que se pueden dar, incluso desde un único punto de vista.
  • Un buen ejemplo de cómo crear atmósfera y un suspense de ese que te hace girar páginas a toda velocidad (o acelerar la narración del audiolibro) mediante elementos cotidianos que podrían pasar casi desapercibidos para una mirada menos curiosa, incisiva y analítica que la de Sara Mesa.

Más información:

3 comentarios en “Un amor — Sara Mesa”

  1. Bergman decía que la historia que se cuenta no es la misma que la que se escucha. Lo mismo puede decirse de la historia que se lee y la que se escucha. Muy interesante tu reflexión sobre los audiolibros.
    He leído críticas de todos los colores sobre esta novela, al final tendré que leerla para salir de dudas. Muy buena reseña. Saludos 🙂

    Le gusta a 1 persona

    1. Muy buen punto, lo de Bergman. Me hace pensar también en que el audiolibro se sitúa a medio camino entre la novela y el teatro. Comentaba en el post cómo la narradora iba cambiando el tono de voz, para imitar los personajes masculinos. Y sé que, en otros casos, hay incluso distintas voces, distintos narradores que suelen ser actores y actrices profesionales. Es casi teatro radiofónico. Remite a Orson Welles con «La guerra de los mundos»: el cómo se cuenta transforma la experiencia.

      Imagino este libro narrado por una mujer con una voz más dulce, o por un hombre. Serían historias —experiencias— diferentes. 

      Gracias por tu comentario, espero que disfrutes de la lectura (o de la escucha) si al final caes 😉 ¡Un saludo!

      Le gusta a 1 persona

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