Pálido fuego, de Vladimir Nabokov

Pálido fuego (Pale Fire, 1962) es una novela de Vladimir Nabokov. Un novela atípica, con una estructura muy peculiar y con un perfecto espécimen de narrador poco fiable. A la altura, en cuanto a credibilidad, del mismísimo Humbert Humbert de Lolita.

No quiero desvelar mucho aquí, por si no la has leído. Más adelante habrá spoilers, te avisaré antes. Porque lo mejor es llegar a Pálido fuego sin mucha información previa e ir descubriendo las sorpresas que Nabokov fue dejando en el texto para que nosotros, los lectores, trabajemos nuestra propia interpretación.

Pálido fuego se presenta como la edición póstuma del poema homónimo escrito por el poeta norteamericano John Shade. En la superficie, el texto tiene la forma típica de este tipo de libros: un prólogo del autor, llamado Charles Kinbote, seguido del poema en cuatro Cantos de Shade; a continuación encontramos las notas de Kinbote sobre los versos y, por último, un índice.

Kinbote nos informa de que conocía personalmente al difunto Shade. Ambos eran colegas en la universidad de New Wye, Appalachia. Además, eran vecinos: Kinbote había alquilado una casa al otro de la calle de Shade, desde donde podía ver la casa de su admirado poeta.

Hasta aquí la capa superficial, las apariencias. No parece muy interesante, ni mucho menos una novela. A menos que te gusten los estudios académicos sobre poesía norteamericana de mediados del siglo XX, es posible que descartes este libro en este punto.

No lo descartes.

Pálido fuego se puede leer como un estudio académico del ficticio profesor Kimbote acerca del ficticio poeta Shade, pero eso sería como leer Lolita como si fuera la desgarradora historia de amor del incomprendido profesor Humbert.

Recurriendo a la manida imagen de las muñecas rusas —topicazo, hablando de un escritor ruso—, el análisis del poema es solo la primera muñeca, la más grande, la que con su sonrisita tímida oculta en su interior una serie de matrioshkas que —quizás— no tienen una cara tan amable.

Si no abres la primera matrioshka, no sabrás si las de dentro están igual de contentas.

Pálido fuego es un ejemplo de metaficción, ya que es ficción sobre otra ficción (el poema). Es también una novela hipertextual, con enlaces entre las distintas partes del texto (las abundantes notas del poema) que ofrecen distintas interpretaciones a un mismo lector si elige cambiar el orden de lectura. Pensarás en el clásico ejemplo de Rayuela, de Cortazar, publicada un año después. O en aquellos libros infantiles en los que eliges tu propia aventura. Todos son ejemplos de hipertexto, un término que puede sonar muy moderno para principios de los 60, pero que fue acuñado solo un año después. El creador del neologismo utilizó la novela de Nabokov para hacer una demostración del funcionamiento de los hipervínculos en 1969.

Pálido fuego: aquí vienen muchos spoilers

Último aviso: no sigas si aún no has leído este libro y quieres leerlo.

Una vez abierta la primera muñeca rusa, Pálido fuego se desvela como algo mucho más interesante. El narrador es Charles Kinbote, quien se define como un profesor nativo de Zembla, una nación con cierto aire soviético del norte de Europa. Inmediatamente, ya en el prólogo, vemos que él ha venido aquí a hablar de su libro. Utiliza el poema de Shade como pretexto para hablar de sí mismo, de Zembla y para contarnos la historia de su rey, Charles II el Bienamado, quien protagonizó una huida trepidante de su reino a consecuencia de una revolución.

La historia puede resultar difícil de leer al principio, puesto que hay mucha digresión sobre asuntos zémblicos y, además, está el poema íntegro de Shade. Pero vale la pena el esfuerzo porque Nabokov va recompensando con creces al lector. Su Kinbote se autorretrata a través de sus historias grandilocuentes y también mediante su descripción de las conversaciones con Shade y, sobre todo, con Sybil, la esposa del poeta. Ella tiene calado desde el principio a este personaje rimbombante y misógino, hilarante en su interpretación de una realidad de la que se siente protagonista.

Bajo la primera capa ya comentada (Pálido fuego es la edición comentada de un poema) aparece rápidamente la segunda. En esta versión, Kinbote va dejando entrever que él es el monarca expatriado de Zembla, viviendo de incógnito en Estados Unidos. Además, está convencido de que el tema principal del poema de Shade es Zembla, puesto que en sus conversaciones con el poeta él se encargó de narrarle con todo detalle las aventuras del rey fugitivo y de su perseguidor Gradus, dignas del mejor James Bond. Kinbote trata de que Shade le deje ver el poema mientras lo está componiendo, pero no lo consigue. Cuando por fin lo acaba, Kinbote le invita a tomar una copa en su casa, pero en ese momento aparece Gradus, que ha descubierto que Kinbote es en realidad Charles. Les dispara cuando se dirigen a su casa, pero falla el tiro y mata a Shade en lugar de a Kinbote.

Viendo a Shade muerto, Kinbote le arrebata el poema de las manos y lo guarda. Al leerlo, se da cuenta de que el poema no trata sobre Zembla, sino sobre Hazel, la hija de los Shade, que se suicidó un tiempo atrás. No obstante, Kinbote no cede en su empeño. En la parte de los comentarios o notas del poema, consigue leer entre líneas e interpretar todas las referencias que el poeta escondió en sus versos acerca de la nación europea y de su heroico rey exiliado.

O quizás no. Y por eso vale tanto la pena este libro. Porque convierte al lector en una especie de detective que va recogiendo las pistas y llegando a conclusiones. Nabokov cuenta con nosotros para que la historia real salga a la superficie.

Nabokov, retador.

En esta tercera capa o lectura, Kinbote está loco y Zembla y su rey existen solo en su imaginación. Gradus, su némesis, tampoco existe. El asesino de Shade era un expresidiario que confundió al poeta con el casero de Kinbote, el juez que le envió a la cárcel.

A partir de esta lectura, diversos académicos han llegado a distintas conclusiones. La que ha tenido más aceptación es que en realidad Kinbote es un pedante profesor ruso llamado Botkin, alguien a quien nadie soporta como deja claro una mujer que le espeta en una tienda:

«Es usted una persona extraordinariamente desagradable. No entiendo cómo John y Sybil pueden soportarlo— y exasperada por mi sonrisa cortés, añadió—: Y además está usted loco».

Pero ha habido otras interpretaciones. Que Shade es el narrador y que se inventó al personaje de Kinbote para comentar su obra. O que el poema está escrito por la hija muerta de Shade, Hazel.

El propio Nabokov resolvió el puzle en una entrevista en el New York Herald Tribune:

“It is jollier than the others,” he said, “and it is full of plums that I keep hoping somebody will find. For instance, the nasty commentator is not an ex-King of Zembla nor is he Professor Kinbote. He is Professor Botkin, or Botkine, a Russian and a madman. His commentary has a number of notes dealing with entomology, ornithology, and botany. The reviewers have said that I worked my favorite subjects into this novel. What they have not discovered is that Botkin knows nothing about them, and all his notes are frightfully erroneous. . .”

Aquí lo deja claro: es el loco de Botkin. Y afirma también que sus comentarios acerca de entomología, ornitología y botánica son erróneos, lo que añade textura a este personaje tan megalómano y narcisista. Yo tengo que decir que no me di cuenta de estos errores, los busqué después, al leer la entrevista, en la que se revelan más detalles de un libro muy divertido y lleno de sorpresas que no te puedes perder si disfrutas leyendo entre líneas.

  • Un estudio de una obsesión narrada en primera persona por un personaje inolvidable.
  • La experiencia de jugar a resolver un rompecabezas creado por Nabokov, nada menos.

Más información:

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