La brújula de Noé, de Anne Tyler

La brújula de Noé (Noah’s Compass, 2010) es una novela de Anne Tyler, la escritora ganadora de un Pulitzer que sitúa casi todas sus obras en Baltimore.

Me ha sorprendido leer que Tyler no es de Baltimore. Nació a unos 1800 kilómetros de distancia, en Mineápolis, aunque creció en una comunidad cuáquera de Raleigh, en Carolina del Norte. Abandonó la religión de sus padres ya muy pronto: a los siete años se dio cuenta de que no podía creer en Dios y ha sido atea desde entonces, definiéndose como una persona no espiritual que no tiene interés en conocer el sentido de la vida.

Tras acabar sus estudios de Filología Rusa, Tyler se casó con un psiquiatra iraní y es entonces cuando aparece en escena Baltimore, ya que su marido obtuvo una plaza en un hospital de esta ciudad. Al principio la odiaba. Poco después, ya no se veía viviendo en otro sitio y ha convertido la ciudad en el escenario de casi todas las novelas.

Baltimore (foto de Abdullah Almutairi en Pexels.com)

Descubrí a Anne Tyler hace muchos años, cuando vi El Turista Accidental (1988) de Lawrence Kasdan en una cinta VHS de videoclub. La película me encantó, pese a que estaba cargada de adultos hechos y derechos cuyas preocupaciones me quedaban aún muy lejos (luego descubrí que no tanto, no tan lejos). Qué jóvenes me parecen ahora aquellos William Hurt, Kathleen Turner, Geena Davis y Bill Pullman. Y el corgi.

Después de ver la película leí el libro y seguí leyendo libros de esta autora, incluyendo Ejercicios respiratorios, la novela con la que ganó el Pulitzer. Por el motivo que sea —¿muchos libros en la lista y poco tiempo?— llevaba ya tiempo sin adentrarme en una historia de Tyler y leer ahora La brújula de Noé me ha dado la sensación de encontrarme con un grupo de viejos amigos. De volver a esa zona de confort de la tanto se empeñan en hacernos salir los gurús expertos en desarrollo personal.

La brújula de Noé es la decimoctava novela de Anne Tyler. Su protagonista, Liam Pennywell, es un profesor de primaria que se ha quedado sin trabajo a los 61 años. Para reducir costes, decide dejar su piso y mudarse a un modesto bloque de apartamentos en las afueras de Baltimore. En el primer capítulo nos lo encontramos en plena mudanza, acompañado por un amigo y por el novio adolescente de la menor de sus hijas. Al acabar, Liam se acuesta agotado en su nueva habitación. Cuando despierta, se encuentra en otro sitio: en la habitación de un hospital, con la cabeza vendada. Y no recuerda cómo ha llegado allí.

En el hospital vamos conociendo a la familia de Liam: sus tres hijas y su exmujer, Barbara. Nos vamos enterando de que Liam es, además, viudo: la madre de su hija mayor murió cuando la niña era aún muy pequeña. También nos cuentan qué le pasó a Liam. Alguien se coló en su apartamento con la intención de robar. Liam debió despertarse e intentó impedirlo enfrentándose al ladrón y acabó con una herida en la mano y un golpe en la cabeza que le dejó inconsciente. Un vecino oyó el ruido y llamó a emergencias.

La obsesión de Liam por recuperar esos recuerdos perdidos es lo que pone en marcha la trama de esta novela. Y no porque tenga un afán de venganza por el ladrón —en paradero desconocido— ni miedo de que vuelva a suceder. Lo que le angustia es la pérdida de control que siente al no ser capaz de recordar nada de lo que pasó. En la sala de espera de un neurólogo, a quien acude para saber si hay forma de recuperar la memoria, se fija en un paciente anciano que llega acompañado por una mujer joven. Oye como la joven pronuncia un nombre femenino justo antes de que el hombre salude a la recepcionista en voz alta, utilizando el nombre que le acaban de apuntar. Liam se queda fascinado por el rol de esa mujer, a la que considera una especie de disco duro externo de memoria, una experta en el funcionamiento de los recuerdos. Y a partir de ese momento hará todo lo posible por conocerla.

He leído toda la novela poniéndole la cara de Peter Mullan a Liam Pennywell.

La brújula de Noé es una novela simple en apariencia. De esas en las que muchos dirían que no pasa nada. Con protagonistas típicos de Tyler: un hombre de mediana edad al borde de una crisis, rodeado de una familia atípica. Retrata como nadie a personas que han llevado una vida cómoda y predecible y que, por algún acontecimiento inesperado, ven su rutina alterada. Su vida patas arriba.

No la leas si El turista accidental te pareció un peñazo. Porque va en esa línea. Tyler no es una escritora de tramas a lo Grisham, Christie o Child. Sus personajes son imperfectos, a veces antipáticos o poco agradables. Pueden ser torpes, con habilidades sociales limitadas, excéntricos, irritables. Y viven situaciones cotidianas. Precisamente por todo esto, son muy creíbles. De carne y hueso: personajes con los que los lectores nos podemos identificar.

Destaca también por el humor —a veces sutil, a veces negro— con el que retrata a los personajes o las situaciones, incluso cuando son dramáticas, como el robo en casa de Liam. Y por la precisión de su lenguaje al describir las sensaciones, con las palabras justas y creando imágenes que nos permiten ponernos en la piel de los personajes, como en esta frase que describe cómo Liam intenta recordar lo sucedido, aún en el hospital y con la cabeza vendada:

His lost memory was like a physical object just beyond his grasp. He could feel the strain in his head. It made the throbbing even worse.

Me parece muy gráfica esta imagen del esfuerzo mental intentando llegar a tocar ese objeto, la memoria perdida, justo fuera de su alcance. Tyler usa un vocabulario tan sencillo que puede parecer fácil pero que no lo es. En absoluto. El proceso de escritura de la autora es laborioso: escribe varios borradores a mano, pasando a ordenador solo las partes con las que está satisfecha; después imprime el borrador y lo reescribe de nuevo a mano. Por último, lee el texto completo en voz alta y lo graba con un dictáfono, para transcribir la versión final.

Un camino en Roland Park (Baltimore), el barrio en el que vive Anne Tyler. El Turista Accidental se rodó en casas de este mismo barrio. (foto de Eli Pousson)

La brújula de Noé te gustará si disfrutas leyendo historias creíbles de personajes de carne y hueso, con esos toques de humor tan típicos de esta escritora. Anne Tyler ha sido una escritora bastante esquiva, reacia a dar entrevistas y a aparecer en eventos públicos, pero en los últimos años dice haberse relajado un poco y ha desvelado algunos de sus secretos para crear estos personajes tan particulares: las conversaciones de gente real en la calle —o en la caja del supermercado—, el trabajo del sociólogo Erving Goffman con el estudio de la interacción social, y los vídeos de Youtube cuando necesita añadir detalles acerca de la profesión de sus personajes.

  • Un retrato de Baltimore, de sus calles y de su gente.
  • La respuesta a la pregunta ¿qué tiene que ver la brújula de Noé con todo esto?
  • Un ejemplo de cómo las grandes revelaciones de la vida nos pueden pasar desapercibidas si no estamos atentos.

Más información:

  • Imagen de Peter Mullan de Andymiah en Wikipedia.

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