Como lectora y espectadora, me he dado cuenta de que me atraen los libros y películas en los que la casa es un personaje más. La última casa que me ha tocado la fibra ha sido la que aparece en Valor sentimental, la película de Joachim Trier que ha ganado el Oscar a la mejor película internacional en 2026. Llegué a ella con poca información previa, evitando incluso los tráilers, que últimamente parecen la versión cortometraje de la película.
No estaba tan aislada como para no enterarme de que había ganado muchos premios, que la protagonizaba la gran Renate Reinsve (al igual que la anterior cinta de Trier, La peor persona del mundo, muy recomendable también), y que, junto a ella, aparecía Stellan Skarsgård, que además de ser uno de los responsables de la creación de Alexander Skarsgård, es un magnífico actor. Siempre me convence y conmueve con ese gesto contenido suyo que dice tantas cosas.
Así que me puse cómoda para ver la película en Filmin. Nada más empezar apareció la fachada roja y negra, angulosa, con un aspecto entre casa gótica y pagoda china. La voz en off de la protagonista, que nos cuenta que de niña se preguntaba qué sentía la casa cuando todos se iban y se quedaba vacía, me hizo pensar en el inicio de La maldición de Hill House, de Shirley Jackson: esa casa que «se levantaba sola contra sus colinas, conteniendo la oscuridad en su interior».
Pero Valor sentimental no es una historia de terror paranormal, no. Trata sobre otros horrores mucho más cotidianos: el duelo heredado, los recuerdos que cada uno de nosotros deforma a su manera, y todo lo que se calla entre quienes deberían estar cerca.
La película nos cuenta la historia de Nora (Renate Reinsve) y Agnes (Inga Ibsdotter Lilleaas), dos hermanas que acaban de perder a su madre y están lidiando con el luto como pueden. Entonces reaparece su padre, Gustav (Stellan Skarsgård), un director de cine que desapareció de sus vidas cuando eran niñas.
Y Gustav no viene precisamente a consolarlas: quiere rodar su próxima película en la antigua casa familiar, adueñándose no solo del espacio físico donde ellas crecieron, sino también de su pasado. Es un drama familiar con toques de humor negro, donde se mezcla el dolor de las hermanas, los recuerdos distorsionados y el ego de un padre que quiere usar el trauma de sus hijas como guion de cine.
Podría haber sido un dramón de esos que se recrean en el dolor. No lo es. Lo mejor que tiene la película es que esos destellos de humor negro salvan la historia del puro melodrama. Al final, la disfuncionalidad real es así: rara vez es cien por cien trágica o cien por cien cómica. Esos detalles son los que hacen que todo se sienta tan auténtico y humano.
La casa, aún llena de las pertenencias de la madre fallecida, almacena los traumas de esta familia. Es posible que sea la única que conserva los recuerdos de forma objetiva. Como ocurre en otras casas protagonistas como Manderley o Thornfield, las paredes parecen respirar, guardando secretos que tarde o temprano tienen que salir a la luz.

Y lo fascinante es que el escenario de este exorcismo familiar no es un decorado de cartón piedra. La casa, como puedes ver en esta imagen de Google Maps, existe. Si quieres saber más, Joachim Trier hace un tour por el interior en este vídeo de Vanity Fair. Ahí verás la casa real; para rodar los interiores cambiantes a lo largo de los años los reprodujeron en un estudio.
Ese exterior de aspecto gótico y exótico resulta ser, en realidad, local. Es de estilo Dragestil (estilo dragón), un romanticismo nacional noruego de finales del siglo XIX que reinvindicaba la arquitectura tradicional vikinga, combinado con influencias del art noveau nórdico. La contundencia de la fachada contrasta con un interior de tonos claros en la versión contemporánea de la casa.
No quiero hacer ningún espóiler, pero IKEA tiene un papel importante en Valor sentimental, y no solo por la presencia de muebles de la cadena sueca, que aparecen incluso en versiones vintage en las escenas de la infancia de las protagonistas.
Solo el tiempo dirá si esta «casa-personaje» de Valor sentimental se ha ganado un hueco definitivo en mi lista personal, junto a Manderley, la casa de los Tenenbaum, Thornfield, Hill House, la mansión Bates, la oficina de Severance, o los recién añadidos espacios liminales de Backrooms (que, pese a haber entrado muy recientemente en este ranking, prometen ser difíciles de olvidar). Eso sí: esta casa se siente más familiar que todas las mencionadas. Quizás tengan la culpa IKEA y la moda de los interiores escandinavos. El caso es que hay una escena en la que Stellan Skarsgård sale dormido en mi sofá. O quizás sea uno igual, vale. Pero la sensación es como si se hubiera quedado frito en mi casa. La magia del cine y de la globalización.
Más información:
- Valor sentimental está disponible en Filmin.
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