Tengo predilección por la novela corta: esos libros breves en los que la escritura parece destilarse para dejar solo lo esencial. El nadador en el mar secreto, con menos de cien páginas en la edición de Navona, es de las que dejan huella. William Kotzwinkle lo escribió en 1975 a partir de una experiencia personal y durante años circuló de manera casi subterránea, como sucedía con esos libros que se pasaban de mano en mano con un «tienes que leer esto». Con los años, acabó prácticamente en el olvido.
Por suerte para Kotzwinkle, en la segunda década del siglo XXI él mismo ha podido ver cómo miles de lectores de todo el mundo redescubrían su nouvelle. Internet me dice que fue el británico Ian McEwan quien lo relanzó a la fama al mencionarlo en la novela Operación Dulce (2012).
No he leído el libro de McEwan, que ha sido oportunamente añadido a mi lista. Yo llegué a El nadador en el mar secreto a través de otra escritora: Samanta Schweblin. En una entrevista para un podcast, ella lo recomendaba como uno de sus favoritos, así que tenía que ser bueno. Me lo compré. Espero que estas líneas sirvan para que alguien más lo encuentre, aunque es difícil que no hayas oído hablar de él antes. A estas alturas ya debe estar circulando por las redes sociales cual cala secreta de Mallorca: esa antigua recomendación en voz baja ahora se hace a través de un post de Instagram o un vídeo de TikTok que puede viralizarse, para alegría del autor/a que corra esa suerte.
El nadador en el mar secreto es la historia del nacimiento de un niño, narrada en tercera persona desde el punto de vista del padre. Kotzwinkle logra un nivel de intimidad que te hace sentir que estás ahí con la pareja protagonista, en una casa aislada en el bosque, rodeada de nieve. Ese escenario, junto al hecho de que la mujer acaba de romper aguas, ya te pone en tensión desde el principio.
Aquí viene un espóiler, aunque lo verás en cualquier sinopsis online del libro. Solo te aviso por si no quieres seguir leyendo. Las cosas no irán bien. El bebé morirá en el parto y el libro pasará entonces a convertirse en un retrato del duelo desde la perspectiva paterna.
Kotzwinkle no recurre a frases grandilocuentes para tratar un tema tan duro. Quizás sea su sobriedad y precisión lo que hace que cale tan hondo. Hay ternura, hay horror, pero no sensiblería. Me recordó a Joan Didion en El año del pensamiento mágico: ambos evitan convertir el dolor en moraleja o en una historia de superación, y prefieren mostrarlo con crudeza, como algo con lo que tenemos que aprender a convivir sí o sí.

Pese a esa sencillez de la prosa, hay poesía en la escritura de Kotzwinkle. Ya el propio título te da una pista: no me dirás que El nadador en el mar secreto no deja ya una imagen poderosa. Y así arranca la novela:
—¡Johnny! ¡Acabo de romper aguas!
Laski ascendió por el mar del sueño, esforzándose por alcanzar la superficie. El mar era oscuro y se le estaban acercando unas criaturas iridiscentes, una de las cuales emitió de pronto un estallido de luminosidad. Laski se despertó y se incorporó en la cama. Diane tenía una mano apoyada en la lámpara de la mesita de noche y miraba fijamente una mancha de agua que se extendía por las sábanas.
No es un libro fácil de recomendar —de hecho, esta entrada lleva en reposo un par de meses—. Su tema central, ese transcurrir de la ilusión y la esperanza a la tragedia, lo convierte en una lectura incómoda, de esas que recomiendas con una advertencia. Y sin embargo, hay también mucha belleza en esta novela de la que a menudo se dice que es la más triste jamás escrita.
Lo terminé en una tarde. No pude soltarlo. Te deja la sensación de haber asistido a algo privado, muy íntimo. Y muy reconocible, porque a poco que hayas vivido unas décadas seguro que te habrá tocado enfrentarte a una de esas situaciones que te recuerdan lo frágiles que somos.
William Kotzwinkle es considerado una especie de ermitaño de las letras contemporáneas, un escritor solitario que aborrece las giras promocionales y evita conceder entrevistas; su aura de misterio llega al punto de que ni siquiera se conoce con certeza el año de su nacimiento (nació en Scranton, Pensilvania, en 1938 o 1943 ). En el conjunto de su obra —donde prima el humor absurdo, la sátira o la literatura infantil—, El nadador en el mar secreto constituye un hito insólito con carga autobiográfica. Sin embargo, su mayor éxito popular llegó de la mano de la novelización oficial de E.T. El Extraterrestre, una adaptación de la que dicen que captura la magia de la película de Spielberg, y que aún hoy es su obra mejor valorada por los lectores en Goodreads. No he leído la novela de ET, ni creo que lo haga. En cualquier caso, yo de ti me la saltaría e iría directa a por El nadador en el mar secreto.
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Anotado queda. ¡Gracias!
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