Severance

Severance (también conocida como Separación o Ruptura, 2022), la serie de Apple TV, parte de una premisa muy jugosa. ¿Quién no ha fantaseado alguna vez con la posibilidad de desconectar (DE-VER-DAD) de todas las preocupaciones laborales? Cerrar el ordenador, o quitarse el uniforme, o cerrar la barrera y hala, a casa con la mente despejada para hacer con ella lo que te dé la gana. Por mucho que te guste tu trabajo. Un día malo lo hemos tenido todos. Pues quédate con ese recuerdo, las emociones de ese día malo: imagina que fichas al salir y ahí, en la puerta de la oficina, se quedan tus preocupaciones del día. Cuando vuelvas a fichar para entrar el día siguiente, recuperarás esos recuerdos y podrás hacerte cargo del marrón. ¿Maravilloso?

Esta es la idea que explora Severance: la anhelada conciliación laboral y familiar. La empresa que ofrece este beneficio a sus empleados es Lumon Industries, dedicada a la biotecnología. Lo hace sometiendo a sus nuevos fichajes a una intervención mínimamente invasiva (o así lo venden, pero si a mí alguien me taladrara el cráneo para llegar al cerebro creo que lo consideraría bastante invasivo) que les divide la memoria en dos partes, una laboral y otra privada. Cuando trabajan, no tienen recuerdos del mundo exterior. Cuando se van a casa, dejan atrás su yo laboral. Son, de hecho, dos personas que comparten cuerpo pero que no saben nada la una de la otra. Una puede tener familia e hijos fuera, sin que su yo laboral sea consciente de ello.

Mark Scout (Adam Scott) es uno de ellos. Cada mañana, cuando comienza su turno, se cuelga la tarjeta identificativa y se mete en un ascensor que le conduce a la planta en la que trabaja. Al bajar ocurre algo que desconecta al Mark exterior y que activa el Mark profesional. Esa secuencia la ves varias veces en la serie y no cansa. Puedes ver cómo su mente cambia sus historias personales por las laborales.

Internet me dice que la escena está rodada haciendo un uso simultáneo del zoom y del movimiento de la cámara, una técnica conocida como dolly zoom (o zolly) que no tiene nada de novedosa: la recordarás de la escena de Vértigo en la que James Stewart ha conseguido reptar hasta lo alto de un campanario pese a su fobia a las alturas y se asoma al hueco de la escalera, que parece encogerse y expandirse debido al terror del protagonista. En el ascensor de Severance, la técnica produce un efecto moldeador en el rostro de Adam Scott, que se estrecha en las sienes y separa y hace más grandes sus ojos. Añades el gran trabajo del actor y tienes esa escena que cuenta tanto sin que nadie diga ni una palabra.

¿Y de qué va Severance? Sin desvelar mucho: sabemos que Mark ha elegido el peculiar contrato de Lumon a sabiendas, debido a que algo de su pasado le atormenta. Desconectar su cerebro de sus recuerdos durante ocho horas al día le permite esconderse de su dolor. Está a cargo del equipo de Refinamiento de Macrodatos, compuesto por tres empleados más: Dylan (Zach Cherry), Irving (John Turturro) y Helly (Britt Lower). Nadie sabe bien qué hacen, ni ellos mismos. O más bien saben lo que tienen que hacer (seleccionar unos números de sus pantallas ochenteras y arrastrarlos a unas cajas), pero no para qué. Solo saben que su trabajo es «misterioso e importante». Y así viven felices hasta que ocurre algo que hace que se cuestionen quienes son fuera de Lumon y quieran saber más.

Severance despunta en el océano de series ya desde su estética, a veces retrofuturista (esos ordenadores), otras minimalista y muchas veces claustrofóbica y laberíntica (es fácil perderse y aterrizar en otro departamento tiene sus riesgos, por la rivalidad y desconfianza que hay entre ellos). Además de llevar al extremo la idea de la conciliación laboral, Severance hace una sátira hilarante de la cultura corporativa que hoy podemos ver en casi cualquier gran empresa o start-up que pretenda llegar a serlo, como la manera en que se endiosa a los fundadores (piensa en Steve Jobs). En Lumon existe un pabellón («Ala de la Perpetuidad») dedicado al creador de le empresa, con un museo que incluye una réplica a escala de su casa familiar. Los libros que contienen la política son tomos con encuadernado y papel de biblia, con las normas escritas como versículos. También se da un repaso a la gamificación como método para incrementar la productividad de los empleados, ya sea con los regalos que recibe encantado Dylan cada vez que alcanza un objetivo, o la fiesta que les preparan como celebración de un hito. Si un empleado pasa por un mal momento que ponga en peligro su productividad, lo derivan a la responsable de Bienestar, Ms. Casey (Dichen Lachman), quien con su sosegante tono de voz le narrará las virtudes de su outie (su yo de fuera, el personal) acompañada de música relajante y sonidos de la naturaleza, al más puro estilo ASMR.

En cuanto a género, es ciencia ficción con el punto justo de distopía para que resulte inquietante y siniestra por la situación tan cercana que nos muestra. Porque lo del chip para dividir nuestro cerebro no existe aún (podría pasar en un futuro no lejano), pero la explotación a la que somete Lumon a sus empleados, aprovechando su inocencia casi infantil causada por la ausencia total de recuerdos, sí que refleja una realidad presente, la de la explotación laboral que podemos encontrar en las noticias con demasiada frecuencia. En esta línea, Severance juega también con el género del terror, de la mano de los jefes interpretados por una perversa Patricia Arquette y un temible Tramell Tillman.

Severance es también un thriller psicológico que avanza de manera pausada hasta llegar al último episodio, que no te deja casi recuperar el aliento entre una sorpresa y otra. Aviso: es la primera temporada y, aunque se atan algunos cabos sueltos, se desatan otros y el final queda abierto hasta la segunda temporada.

Por último, quiero destacar el humor de esta serie escrita por Dan Erickson y dirigida por Ben Stiller, otro de los factores que diferencia a esta serie de otras. Es comparable a Devs (protagonizada por Nick Offerman, compañero de Adam Scott en Parks and Recreation) por el telón de fondo de la gran empresa tecnológica, pero en mi opinión aquella serie se tomaba demasiado en serio.

Tan solo un ejemplo de este humor antes de irme: en Severance, si las normas de la empresa parecen textos bíblicos, el libro que los empleados acogen como la promesa de lo que les espera fuera de Lumon es un manual de autoayuda escrito por el cuñado de Mark en el mundo real (The You You Are, algo así como El tú que tú eres). Interpretado por Michael Chernus, el cuñadísimo Ricken es un Paulo Coelho que se convierte en el inesperado faro que ilumina las vidas del cuarteto de Refinamiento de Macrodatos. Te dejo con una de sus inspiradoras frases, aunque es difícil elegir porque ninguna tiene desperdicio:

Lo que separa al hombre de las máquinas es que las máquinas no pueden pensar. Además, están hechas de metal, mientras que el hombre está hecho de piel.

Ah, y si nada de esto te convence para ver la serie, otro aliciente es que sale Christopher Walken en un papel tan siniestro como entrañable.

4 comentarios en “Severance”

    1. Vaya, Elon Musk podría ser el fundador de Lumon. Mira cómo se ha puesto ahora con el teletrabajo: está a favor siempre que sus empleados trabajen un mínimo de 40 horas semanales en sus oficinas. Después, que teletrabajen todo lo que quieran. Si pudiera colocarles un pequeño chip de nada y controlar sus cerebros… Gracias por leer y comentar 🙂

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