El poder del perro

Primero viene la música. Cuerdas en una melodía aparentemente simple, con unos matices oscuros de fondo que presagian que algo malo va a ocurrir.

El título es «25 Years». Acompaña a dos hermanos que están trasladando un inmenso rebaño de vacas de su rancho, auténticos cowboys a lomos de sus caballos. Es la música lo que me engancha a la película, lo que me interesa porque suena a wéstern que no acaba de ser un wéstern. Y es curioso, porque después de verla escuché una entrevista en la que el compositor (el genial Jonny Greenwood, integrante de Radiohead) afirma que esas cuerdas graves son un violonchelo tocado como un banjo. Un instrumento clásico disfrazado de banjo. Como El poder del perro, la película de Jane Campion, un rompecabezas dramático disfrazado de wéstern. Pero que no lo es. ¿O sí?

Pues sí, lo es en la medida en que un wéstern como se llama al «género de películas del lejano Oeste» según la RAE. Porque la historia tiene lugar en el estado de Montana, en 1925, lo que encaja en la definición. Pero entonces te enteras de que no es Montana, sino la región de Otago, en Nueva Zelanda, disfrazada de Montana para la cinta de Campion.

Y, encima, empieza la película y escuchamos hablar a Benedict Cumberbatch, un británico (Sherlock, nada menos) cambiando su acento para disfrazarse de nativo de Montana.

Quizás estas imposturas han molestado a los fans del wéstern de toda la vida, pero sería extraño, puesto que este género ya tiene a sus espaldas kilómetros y kilómetros de metraje rodado en escenarios que simulan ser el Oeste, pero que son Almería, Colmenar Viejo o las afueras de Roma. Y desde hace años se habla del neowestern, género híbrido en el que tienen cabida historias tan diferentes como Cowboys & Aliens, Logan, o El poder del perro.

Sea por el motivo que sea, el hecho es que El poder del perro no ha gustado tanto al público como a la crítica, según se puede concluir al ver las respectivas puntuaciones en IMDb: un 6,9 y un 8,9.

¿De qué va El poder del perro? Estamos en el estado de Montana, en 1925, acompañando a los acaudalados rancheros Phil y George Burbank en un traslado de ganado a caballo. En la posada donde pasan la noche, George conoce a Rose Gordon, la propietaria viuda. Pese a la oposición de su hermano Phil, entabla una relación con ella y se acaban casando. George y Rose se trasladan a vivir al rancho de los Burbank llevando consigo a Peter, el afeminado hijo de Rose. La relación entre el irascible Phil y los nuevos habitantes de su rancho pone en marcha el conflicto de esta historia.

Como siempre, es mejor llegar a esta película sin conocer demasiados detalles, salvo una cosa: que es de combustión lenta, al menos al principio. Que tiene una de esas atmósferas opresivas, con un tono sombrío y tirando a gótico (pese a la luz y la belleza de los paisaje) que pueden no ser agradables para todos los públicos. ¿Te gustan las cosas más rápidas y expansivas o alegres? Puede que no sea plato de tu gusto.

Yo la disfruté de cabo a rabo: el rompecabezas que se va desvelando poco a poco, los paisajes, el contraste entre el clásico escenario de un wéstern con la tecnología naciente (Henry Ford llevaba ya más de una década produciendo coches en cadena). Y las actuaciones, que no sé quién me gustó más. Los hermanos Phil y George son Benedict Cumberbatch y Jesse Plemons. Phil es culto, inteligente y áspero, un cowboy que detesta el jabón y ama sus vacas, sus caballos y su banjo. George es un buenazo algo bobalicón, un tipo más civilizado que desea formar una familia y codearse con la sociedad pudiente de la zona. Pese a representar extremos opuestos entre la civilización y lo salvaje, entre la amabilidad y la masculinidad tóxica, los hermanos han convivido durante décadas solos en el rancho que sus padres abandonaron para vivir en la ciudad. Y lo han hecho en una cierta armonía, incluso compartiendo habitación con camas gemelas a lo Epi y Blas, pese al generoso tamaño de su rancho. Comparten también un referente de su juventud: Bronco Henry, el ya fallecido cowboy que enseñó a los hermanos a llevar un rancho. Para Phil, que guarda su reluciente silla de montar en un lugar de honor, es casi un dios.

Luego están Rose Gordon (Kirsten Dunst) y su hijo Peter (Kodi Smit-McPhee), cuya voz es la primera que oímos nada más empezar la película:

Cuando mi padre murió, no me importaba nada más que la felicidad de mi madre. ¿Qué clase de hombre sería si no ayudara a mi madre, si no la salvara?

No sé quién de los cuatro está mejor. Todos tienen momentos destacables: cualquier mirada de Cumberbatch aterra, porque deja ver el fuego que lleva dentro aunque no hable. Smit-McPhee va oscilando entre la fragilidad y la fortaleza: a veces parece una gacela a punto de huir y otras un guepardo agazapado y listo para atacar. Y esa escena entre Dunst y Plemons (marido y mujer en la vida real) en la que bailan en la cima de una montaña y él se aparta avergonzado y llora por la felicidad que le produce no estar solo…

Jane Campion, feliz con su medalla (fuente)

Me gustó tanto la película que hasta me podría reconciliar con Netflix, que últimamente no me había dado más que decepciones —encima, subiendo el precio de la cuota—. Incluso vi un breve documental acerca del rodaje, porque quería más. Se titula Detrás de las cámaras con Jane Campion y mantiene el tono pausado del la película. En una escena vemos a los actores en pruebas de cámara o de vestuario, en el interior del rancho. Y los ves ya en el papel, ya no son los actores: son los personajes, aunque estén ahí posando en silencio. Luego, oyes la voz en off de Campion dirigiendo el gesto de Cumberbatch, pidiéndole que no frunza el ceño, hasta que consigue la mirada que busca (un cambio muy sutil, pero visible) y dice «sí, justo así, ese es Phil».

La película está basada en la novela El poder del perro (1967), de Thomas Savage, un escritor al que no conocía y que se ha colado en mi lista de libros para leer. Jane Campion (Wellington, 1954), la directora neozelandesa que se dio a conocer con El piano (1993) —otra gran película con atmósfera angustiosa, actuaciones excelentes y una inolvidable banda sonora— leyó la novela y se quedó fascinada con esta historia. La novela se la dejó su madrastra, Judith Campion, a quien le tenemos que agradecer que esta película exista.

5 comentarios en “El poder del perro”

  1. Despuès de leerte me he ido corriendo a nexflit para ponerla en mi lista para ver!!! Me has dejado con la curiosidad de en qué consistirá el conflicto: ¿problemas de convivencia, enamoramiento del otro hermano, intereses económicos…?

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