Back to Life

Acabo de ver —de dos sentadas— la segunda temporada de Back to Life (2019-2021), la serie británica que siempre se compara con aquella otra gran miniserie, Fleabag.

Para gestionar tus expectativas si te gustó Fleabag, hay que decir que el parecido viene dado porque son miniseries de capítulos de media hora escritos por la actriz protagonista: Phoebe Waller- Bridge en el caso de Fleabag y Daisy Haggard en Back to Life. Coincide también el género, ya que ambas son comedias dramáticas que flirtean con el humor negro. Los productores son los mismos. Y son muy británicas las dos, pero ahí se acaban los parecidos.

No hay hot priest en Back to Life.

No, él no está 😦

En Back to Life, Daisy Haggard se pone en la piel de Miri Matteson, una exconvicta que ha pasado dieciocho años en la cárcel por asesinato y que trata de integrarse en el entorno ahora hostil de Hythe (Kent), su pueblo natal. Si ya debe ser complicado volver a casa de tus padres a los treinta y muchos, imagínate si además tienes la manos manchadas de sangre —cosa que sabe todo el pueblo— y, además, te has perdido todos los avances tecnológicos de la época: ella se quedó en los Nokia 3310 y en los Tamagotchis.

Miri es una protagonista atípica: cuando la conocemos no sabemos la verdad acerca del crimen, eso se irá desvelando en la serie. Debido a que fue encarcelada con dieciocho años, Miri no ha madurado como su única amiga de la niñez (que también sigue viviendo en el pueblo). No se comporta como la sociedad espera que se comporte una mujer adulta, rozando la madurez, y esto hace que su reinserción resulte más complicada, lo que se traduce en momentos cómicos y trágicos.

Hago un punto y aparte para destacar lo bien repartidas que están las dosis de comedia y tragedia en esta serie. Imagina una trenza, con un mechón de humor (muchas veces negro) y otro de drama que se van entrelazando hasta formar un todo con un tono en general bastante amable, pese a la brutalidad o la tristeza de algunas escenas. Suelo conectar muy bien con esta mezcla de géneros que, en el fondo, reflejan la vida con gran realismo: una sucesión de momentos duros, divertidos, crueles, felices, tristes, maravillosos.

Si aún no la has visto, Back to Life es una serie que vale mucho la pena, por varias razones:

  1. La trama. El guión de Daisy Haggard y Laura Solon funciona en parte como una historia policiaca, manteniendo el suspense de lo que sucedió hasta el último capítulo. Recuerda un poco a Broadchurch por el escenario costero (Hythe está en la costa de Kent, vemos acantilados y largas playas pedregosas), aunque aquí el punto de vista es el de la asesina y la policía local es una caricatura que solo sirve para poner multas cuando no se le ha acabado el papel (nada que ver con Olivia Colman).
  2. Los padres. Geraldine Page y Richard Dunden son los excéntricos padres de Miri, que han conseguido seguir viviendo en el pueblo y rehacer sus vidas pese a estar etiquetados para siempre como los padres de la asesina. A sus setenta y muchos años, él se convierte en un activista medioambiental, mientras que a las preocupaciones de ella son de ámbito mucho más íntimo.
  3. Billy, el vecino. Es Adeel Akhtar. Desde que lo vi haciendo de Faisal, el yihadista más tierno de la célula terrorista de Four Lions (Chris Morris, 2010), me quedo enganchada a cualquier película o serie en la que tenga un papel. Tiene esa cara entre tristona y enfadada que engaña, porque parece poco expresiva a simple vista. Pero es todo lo contrario: con un leve cambio en el gesto puede pasar del amor al odio, de la rabia a la alegría. Me encanta.
  4. Janice. Ella es la oficial de libertad condicional de Miri. Interpretada por Jo Martin (actriz que tenía un pequeño papel en Fleabag), es uno de los personajes más divertidos de la serie. Siempre agobiada por algo personal, deja claro que está ahí para cumplir la parte burocrática de su rol y poco más. Sin embargo, Miri acude a ella con frecuencia, lo que nos da la ocasión de ir conociéndola poco a poco. Y roba las escenas en las que aparece.
  5. Miri. Y ella, por supuesto, Miri, que vive el reto de la reinserción en una pequeña comunidad que ni olvida ni perdona. Y lo hace sin esconderse, sin tratar de justificar lo que pasó, respondiendo a las malas caras con una sonrisa tímida, con humor, o tratando de desaparecer para no empeorar las cosas. Desde la primera vez que la ves te preguntas cómo ha podido esta persona matar a alguien.
Miri y la robaescenas de Janice

Un tema que destaca en la serie es el del perdón. Miri ha cumplido con su condena, la justicia la ha perdonado. Pero su pueblo aún no. Su padre debe decidir si perdona los escarceos de su madre. Miri también pasa por un proceso similar al perdonar a personas que tuvieron mucho impacto en lo que sucedió en el pasado.

Otro tema es el optimismo, el que exuda Miri. Lejos de pasarse el día lloriqueando por el tiempo perdido, ella mira hacia adelante, ve todo el tiempo que le queda por delante, todo lo que la vida le puede ofrecer aún.

Las comparaciones —ya lo sabes— son odiosas. Back to Life no es Fleabag. No es tan rompedora ni memorable. Pero es reconfortante, sin sensiblerías ni cursiladas. Y divertida, cargada de detalles que es difícil que no te saquen, al menos, unas cuantas sonrisas. Yo, al menos, estoy deseando que Haggard y Solon se animen a escribir otra temporada, que creo que Miri aún tiene mucho que contar.

Más información:

  • Las dos temporadas de Back to Life están disponibles en España en Filmin.
  • Otro motivo para verla es que siempre puedes encontrar un hueco: cada temporada son solo seis episodios de algo menos de media hora de duración. No hay excusa.

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