El coleccionista – John Fowles

El coleccionista (The Collector) es la primera novela del escritor británico John Fowles, publicada en 1963. Frederick Clegg, Fred, es el protagonista, un joven solitario de origen humilde que trabaja como administrativo y que caza y colecciona mariposas en su tiempo libre.

A Fred le toca una fortuna en las quinielas y decide llevar a cabo un sueño: deja su trabajo y se compra una casa en medio del campo. Hasta ahí, lo mismo que haríamos muchos si nos cayera un premio gordo. Pero Fred es diferente. Nota que le falta algo para completar la vida perfecta con la que sueña. Y decide secuestrar a Miranda Grey, una estudiante de arte a la que llevaba un tiempo acechando, convencido de que lo que siente por ella es amor y de que será capaz de conseguir que ella lo entienda y le ame también.

El coleccionista es un thriller psicológico con tres partes bien diferenciadas: la primera parte está narrada por Fred en primera persona. Fowles nos mete en la mente enferma —que no sabe que está enferma— de este joven hermético, contenido, que oculta un interior turbio tras una imagen siempre impoluta aunque ordinaria pese a los trajes y corbatas. Nos cuenta cómo secuestra a Miranda y la lleva al sótano de su casa con el mismo tono que utiliza para contar cómo atrapa y mata a una mariposa para su colección. Nos deja ver un paralelismo entre el secuestro de Miranda y la necesidad de matar a las mariposas para exponerlas después: no le convence el método, pero no hay alternativa.

En la segunda parte es Miranda quien nos cuenta la historia a través de su diario. En la narración de Fred ya hemos conocido a la estudiante de arte mediante los diálogos que él traslada con estilo directo, reproduciendo sus palabras. Ella es superior a Clegg en todo: es mucho más inteligente y astuta, tiene ganas de vivir, de aprender y es una persona enérgica, con empuje. Madura para sus 20 años. Tras la conmoción inicial de verse secuestrada, busca la manera de convencer a Fred de que la libere. Intentará varias estrategias, como fingir que está enferma, empatizar con Fred conociendo más de su vida, tratar de convencerle de que ella también le aprecia, de que seguirían siendo amigos si la liberara. Llega incluso a probar con el sexo, para descubrir que no es eso lo que él está buscando.

En la tercera parte volvemos a la narración de Fred, ya con el desenlace que no desvelaré por si no has leído el libro.

John Fowles (Fuente: Wikipedia)

El coleccionista es el primer libro que he leído de John Fowles, de quien solo conocía la adaptación al cine de La mujer del teniente francés. Me ha gustado mucho el retrato de ambos personajes a través de sus diálogos. No hay grandes descripciones ni divagaciones, es una historia contada con un estilo conciso, que engancha. Frederick Clegg es el mal camuflado bajo una apariencia anodina, de maneras amables. Da miedo el tono insensible de sus diálogos, que dejan ver la maquinaria de su razonamiento, que, a su vez, tiene lógica dentro de la simplificada visión de la vida que él tiene: coge a una mujer, enciérrala en un sótano con todos los caprichos que pueda desear (porque recordemos que tiene dinero: le compra ropa, chocolate, arte, champagne, etc.), dile que la amas y ya solo queda esperar que ella sienta lo mismo por ti. ¿Que no sucede? Entonces es que algo está mal en la chica, que no es lo que parecía, que ha resultado ser caprichosa, testaruda y poco fiable.

Fred Clegg quiere imitar la vida que ha visto a su alrededor, pero no consigue ver que no es más que eso, una imitación. Por eso no es capaz de entender a Miranda, ni de apreciar el arte que no es una copia idéntica a la realidad. Su mirada es superficial. La vida idílica que imagina con Miranda consiste en instantáneas en las que ambos están tumbados en la cama, uno junto al otro pero sin tocarse; o él contemplando su colección de mariposas mientras ella le observa sentada, tomando una taza de té. Son escenas de casa de muñecas. Creo que Clegg sería más feliz en los escenarios falsos de El show de Truman que en la vida real, donde todo está controlado y no hay sitio para los imprevistos tan típicos de la condición humana. Desde fuera, él también es engañoso: parece humano, pero no lo es. Es lo que da miedo de él, porque te pones en la piel de Miranda y ves que lo que está intentando hacer es empatizar con un monstruo.

Otro aspecto de la novela que me ha gustado mucho es su intertextualidad. Miranda es un joven culta y, tanto en sus diálogos de la primera parte como en el diario de la segunda, se refiere a textos literarios para interpretar la realidad que vive. Se compara, por ejemplo, con Emma cuando reflexiona acerca de su pasado y se sorprende a sí misma con maquinaciones casamenteras dignas del personaje creado por Austen. Pero la obra que más aparece es La Tempestad, de Shakespeare. Miranda bautiza a su captor como Calibán, en honor al salvaje criado y esclavizado por el duque Próspero, el protagonista. Hijo de una bruja y de un demonio, Calibán intenta violar a la hija de Próspero, llamada Miranda. Fred, por su parte, quiere ocultar su verdadero nombre y se presenta como Ferdinand solo porque le suena distinguido, sin saber que el Ferdinand que aparece en La Tempestad es quien acaba enamorado de aquella otra Miranda. El contraste de clase social entre Calibán y Miranda se ve reflejado en El Coleccionista en la relación entre Fred y Miranda, subrayando así uno de los temas de la novela, el de las diferencias entre clases. Fred, de origen humilde, cree que nunca podría haberse acercado a Miranda, de clase media-alta, y ve el secuestro como la solución lógica para tenerla cerca.

Calibán, Próspero y Miranda (Fuente: John Hamilton Mortimer, CC0, via Wikimedia Commons)

La música se utiliza un elemento más que subraya estas diferencias. Fred compra discos a Miranda —los que ella le encarga— y ambos se sientan a escucharlos en el sótano. Él no entiende de arte, dice de Mozart que le suena «igual que el resto». Miranda, sin embargo, utiliza la música como una vía de escape de la situación que está viviendo. Una de sus piezas elegidas, las Variaciones Goldberg de Bach, la trasladan al apartamento de G.P., un pintor veinte años mayor que ella que le propuso matrimonio y con el que desea volver en cuanto consiga la libertad. No solo es uno de su clase: es una persona a la que admira, al contrario de lo que le ocurre con Fred, a quien corrige incluso su manera de hablar.

Si te gusta Fowles, aquí puedes leer una entrevista que le hicieron en 1977 en la BBC. Al parecer, compartía con Clegg su carácter solitario y su amor por la naturaleza.

 I was a lonely child, but my friend was always nature, rather than being the company of other boys.

«Fui un niño solitario, pero mi amiga siempre fue la naturaleza, la prefería antes que estar con otros chicos». En la entrevista dice que ese carácter solitario es un rasgo típico de futuro escritor. Afirma que, en una clase con muchos niños, podría identificar a los futuros novelistas entre los alumnos menos elocuentes, entre aquellos que, en un debate, dan su brazo a torcer y que luego se van inventando un nuevo escenario para la situación que acaban de vivir. Interesante punto de vista. No conozco a escritores/as para debatirlo, así que si escribes y estás de acuerdo o en desacuerdo con Fowles, comenta 🙂

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