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Manual para mujeres de la limpieza, de Lucia Berlin

Manual para mujeres de la limpieza es una colección de relatos de la escritora estadounidense Lucia Berlin. Pertenecen al género que se conoce como autoficción, que —como has adivinado— combina la narrativa de ficción con elementos autobiográficos.

Empecé a leer el libro sabiendo poco de Berlin: que había tenido una vida difícil y que fue alcohólica. Lo que no sabía es la densidad que tuvo su vida. Murió con solo 68 años, pero los años de Lucia Berlin son como los años de perro, equivalentes a siete años de un ser humano medio.

Tuve que leer su biografía, que Roland Barthes me perdone.

Hija de un ingeniero de minas, nació en un campamento minero de Alaska y creció en los distintos lugares a los que su padre iba siendo destinado: Idaho, Kentucky, Montana, Texas, Arizona, Chile. De adulta, continuó con su vida nómada: México, Arizona, Nuevo México, Nueva York y Los Ángeles. La Lucia de Texas fue una niña maltratada que sufrió abuso sexual. La de Arizona, una niña con un corsé ortopédico para tratar su doble escoliosis. La de Santiago de Chile, una adolescente de familia rica a quién le encendió su primer cigarrillo el príncipe Alí Khan. La de Nuevo México, una estudiante universitaria que tuvo como profesor a Ramón J. Sender.

Se casó tres veces —con un escultor, un pianista y un saxofonista heroinómano— y a los treinta años ya tenía cuatro hijos. Vivió en un loft frecuentado por artistas en Nueva York, en una casa victoriana de madera, en una antigua hacienda en Albuquerque, en una palapa con suelo de arena en Puerto Vallarta, en un parque de caravanas en Boulder y en el garaje reconvertido en vivienda de uno de sus hijos en Los Angeles.

Y su vida laboral fue también variada, ya que a Berlin no se le caían los anillos: trabajó en lo que pudo para mantener a flote a sus cuatro hijos. Fue telefonista, recepcionista, mujer de la limpieza, profesora de instituto, enfermera de urgencias y profesora de universidad.

En sus fotos vemos a una mujer de rasgos hollywoodenses, afortunada poseedora de ese conjunto de ojos claros y cejas tupidas y arqueadas que también tenía Elizabeth Taylor. Al contrario que la Taylor, Berlin era alta, tanto que temía que la operaran de la escoliosis, por si al enderezar su columna alcanzaba los 8 pies (unos 2,40 metros). Sí, era exagerada además de alta y guapa.

Manual para mujeres de la limpieza

Empiezas a leer Manual para mujeres de la limpieza y pronto notas la repetición de una serie de temas y de situaciones que se van haciendo familiares. Cada relato los presenta desde distintos ángulos, casi siempre desde el punto de vista de la narradora. Por nombrar algunos:

  • El alcoholismo y otras adicciones.
  • El abuso.
  • La familia.
  • La soledad.
  • La enfermedad y la muerte.

Con estos ingredientes, Berlin construye unas historias a menudo desoladoras, con un lenguaje crudo y directo, siempre dando con la palabra precisa para lo que nos quiere contar. La dureza de estos temas contrasta con las reflexiones de la narradora, cargadas de esperanza, ganas de vivir, empuje, amor, pasión, ternura y mucha mucha empatía. Porque Berlin tiene el don de meterse en la piel de otros gracias a una capacidad de observación única, que plasma en los personajes que pueblan los relatos.

Y ese humor. Es un humor ácido, irónico, aunque a veces se suaviza con algunos personajes y situaciones. Aunque con la lista de temas mencionados parece difícil, acabas sonriendo en muchos de los relatos.

Como comentaba al principio, aquí tenemos autoficción. Este término es posterior a Berlin, por lo que se puede decir que ella fue pionera en este género. ¿Cuánto tiene de auto y cuánto de ficción? Uno de los hijos de Berlin nos ayuda con esta duda:

Ma wrote true stories, not necessarily autobiographical, but close enough for horseshoes. Our family stories and memories have been slowly reshaped, embellished and edited to the extent that I’m not sure what really happened all the time. Lucia said this didn’t matter: the story is the thing.

Mark Berlin

(Mi traducción: “Mamá escribió historias reales, no necesariamente autobiográficas, pero muy aproximadas. Nuestras historias familiares y recuerdos han sido moldeados, embellecidos y editados hasta el punto de que ya no estoy seguro de lo que sucedió en realidad. Lucia decía que esto no importaba: la historia es lo que importa”).

Uno de los personajes más recurrentes en los relatos es la madre. En el relato “Mamá”, la narradora ha viajado a México para acompañar a su hermana Sally, enferma terminal de cáncer. En una especie de exorcismo de sus demonios familiares, hablan de su difunta madre. Era una bruja, dicen, porque lo sabía todo. Perspicaz como ella sola, se preguntaba cómo serían las sillas si nuestras rodillas se doblaran al revés y qué llevaríamos colgado del cuello si Jesucristo hubiera sido ejecutado en una silla eléctrica.

La historia continúa con muchas anécdotas que retratan a su madre como una persona temible, una alcohólica llena de odio y amargura, pero también inteligente y muy ingeniosa. Eso sí: incluso su humor era aterrador. Cuando se suicidó, escribió una nota a la narradora (alter ego de Lucia) diciéndole que nunca le perdonaría por cómo había arruinado su vida.

“She never wrote me a suicide note.”
(A mí nunca me escribió una nota de suicidio.)

“I don’t believe it. Sally, you’re actually jealous because I got all the suicide notes?”
(No me lo creo. Sally, ¿de verdad estás celosa porque todas las notas de suicidio fueron para mí?)

“Well, yes. I am.”
(Pues sí. Lo estoy.)

Viendo que la rabia consume a Sally en sus últimos días de vida, la narradora comienza a humanizar a la madre contando historias de cómo era antes de beber. Una infancia en la pobreza, durante la Gran Depresión. Un padre también alcohólico y déspota. La esperanza de una vida mejor al casarse con Ed, el ingeniero de minas. Su vida en Alaska. El nacimiento de la narradora. La ausencia de Ed por trabajo, ella sola con su bebé recién nacido durante unos meses. Al volver, Ed se la encontró borracha y dando tumbos con el bebé en brazos. A partir de ese día, no le permitió acercarse a la niña.

Llegó la guerra, Ed se fue al frente y la familia se mudó a Texas. Ya había nacido Sally, la pequeña, que fue criada por su abuela mientras su madre salía a beber, cada vez más. Las niñas sufrieron los abusos de dos alcohólicos, su madre y su abuelo. Al volver su padre, se mudaron a Arizona y tuvieron un paréntesis de felicidad. Sin embargo, su madre ya se había distanciado y no sabía cómo estar con las niñas. Pensaba que la odiaban y se defendía burlándose de ellas, hiriendo antes de que le hicieran daño a ella.

Luego, el viaje a Chile. Ahí vivieron en una mansión con sirvientes, pero ella les temía. Le aterrorizaba no estar a la altura. Se empezó a encerrar, en su casa, en su habitación. Ed contribuyó al encierro y a la caída definitiva, restringiendo la bebida pero sin buscarle ayuda.

¿Lo ves? —le dice la narradora a Sally—, ¿ves lo duro que fue para ella? Consigue su objetivo y Sally acaba llorando, deseando haber podido hablar con ella y decirle cuánto la quería. Pero entonces, la narradora se gira hacia el lector y confiesa:

Me… I have no mercy.

No, no se apiada de su madre. Era todo una historia más para liberar a su hermana de esa rabia.

Y no, no cuento más historias porque es absurdo intentar resumirlas aquí. Hay que leerlas. No es solo lo que cuenta Lucia Berlin, sino cómo lo cuenta. Una alumna suya de sus años como profesora universitaria recuerda su consejo: «escribe lo que ves, no lo que quieres ver. Observa. Observa de verdad”. Y esa agudeza, esa capacidad de ver y de convertir en palabras lo que captaban sus ojos, es lo que te encontrarás cuando leas este libro. Algo tan simple y tan difícil.

Leo que Almodóvar va a adaptar cinco de los cuentos que componen Manual para mujeres de la limpieza, que posiblemente empezará a rodar el próximo año. No sé cómo resultará, parece difícil trasladar a la pantalla la mirada de Berlin. En cualquier caso, tenemos tiempo de leer y releer el libro hasta que la película vea la luz.

Solo una cosa más: si tienes un nivel alto, vale la pena leerlo en inglés. Muchas de las historias tienen lugar en Chile y México y utiliza vocabulario en español mezclado con el inglés (“Sally. Dear Sal y Pimienta, Salsa, don’t be sad”; “All of a sudden, de repente“; “I teach in a pretty, fresa, mountain town now”), que forman también parte de la voz de Berlin. Eso sí, el rico vocabulario y la puntuación peculiar de la escritora hacen que sea un texto difícil, a partir de un C1, para poder disfrutarlo como merece. Si puedes, el esfuerzo valdrá la pena.

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