How To with John Wilson

How to with John Wilson (2020, HBO) es lo más creativo que he visto en mucho tiempo. Es una serie difícil de definir, eso lo verás en todas las reseñas. Y lo es a propósito, ya que el propio Wilson afirma que la quiso hacer así, misteriosa y difícil de describir en unas pocas palabras, para que la gente tuviera más ganas de verla —eso dice él, pero ya veremos más adelante que no podía ser de otra manera—.

Intentaré describirla de todas formas, que para eso estamos aquí. Pensemos en el simbolismo del tren y el túnel en el cine. Esa metáfora visual —tan manida y parodiada hoy, aunque alguna vez fue innovadora—que nos sugiere que la pareja que hemos visto en la pantalla unos instantes antes acaba de… conocerse en profundidad. Veamos un ejemplo en el final de Con la muerte en los talones (North by Northwest) de Hitchcock:

Pues How to with John Wilson toma esa idea y la convierte en protagonista de su serie documental de seis episodios de poco menos de media hora cada uno.

O eso me parece a mí. En realidad, cada episodio se plantea como un tutorial sobre el tema señalado en el título («Cómo colocar andamios», «Cómo mejorar tu memoria», «Cómo cocinar risotto», etc). A medida que avanza el episodio, ya ves que esa pregunta inicial es solo el pretexto para empezar. Wilson, cámara en ristre, sale a las calles de Nueva York buscando la respuesta al problema que se ha planteado, pero se va dejando llevar por lo que surja en el camino. Y, aunque acaba en sitios inesperados, vuelve a conectar con la pregunta inicial en la parte final del episodio.

La voz nasal y nerviosa de Wilson nos guía en un tour por la ciudad mostrando la flora, la fauna (humanos y ratas sobre todo) y el paisaje urbano de una Nueva York en bruto, sin adornos. Las imágenes que acompañan a sus palabras crean metáforas muy divertidas. Pero no es solo comedia. Poco después de empezar a verlo ya te viene otra palabra a la mente: poesía. Consigue ese efecto poético, emotivo y divertido a través de la relación entre lo que nos está narrando y las imágenes que nos enseña. Y te hace reflexionar. Aquí puedes ver el trailer:

Hey, New York

Es un poco parecida a la serie Planeta Tierra, pero si fuera solo en Nueva York y obligaran a David Attenborough a rodarlo todo él.

John Wilson

Otra marca de la casa son los desvíos que toma en cuanto surge un personaje con una historia que contar. En el primer episodio («How to make small talk»), cuando Wilson intenta practicar un poco de small talk o charla trivial entablando una conversación con un asistente a un evento de lucha libre y le pregunta a qué se dedica, este le responde que caza depredadores sexuales en Internet en su tiempo libre. Wilson decide acompañarle a su casa porque está seguro de que puede aprender mucho de él: tiene que ser capaz de mantener el interés de sus víctimas en largas conversaciones. Orgulloso de su rol, este vigilante le cuenta con pelos y señales sus métodos para hacer creer a los pederastas que están chateando con un menor. En el resto de episodios vemos el mismo patrón: en su búsqueda de soluciones para el problema de partida, se va tropezando con personas que responden a sus preguntas, muchas veces incómodas pero siempre hechas con respecto y empatía. Wilson no se ríe de sus entrevistados, pero tú sí que lo harás. Especialmente en el episodio de las fundas para los muebles.

Ah, y otro impagable regalo de esta serie es que ahora sabemos lo perseverante e imperturbable que es Kyle MacLachlan:

Un poco de John Wilson

Lo que más llama la atención en la serie es la cantidad de imágenes cotidianas que ha tenido que rodar Wilson para llegar a conseguir el perfecto engranaje entre lo que nos cuenta y lo que vemos. La sensación es que adapta el texto a la imagen y no al revés, pero aún así te imaginas la cantidad de metraje que ha tenido que pasar por sus ojos y manos hasta llegar a montar estos seis episodios.

Y resulta que Wilson tuvo un interesante aprendizaje: su primer trabajo fue como ayudante de un detective privado. Tenía que analizar horas y horas de imágenes de vídeo para encontrar un instante incriminatorio. ¿Te imaginas? Asegura que esto le preparó para fijarse en los detalles de la vida diaria y rutinaria que pasan desapercibidos para el resto.

John Wilson, que físicamente me recuerda a un híbrido entre Woody Allen y Ryan Gosling, nació en Queens en 1986. Su pasión por el cine le viene desde adolescente, cuando su padre le regaló una cámara de vídeo. Siempre estuvo interesado en los documentales y ya en la universidad rodó un —seguro que interesante—documental adentrándose en el desconocido mundo de los fetichistas de globos.

En How to with John Wilson, es el hombre invisible detrás de la cámara a quien vamos conociendo como se conoce a un nuevo amigo, a base de pedazos que va dejando caer sobre su vida, sus experiencias, sus reflexiones, inseguridades, éxitos y fracasos, etc. Por eso, la serie tiene también algo de diario personal.

Para acabar, vuelvo a lo que decía al principio: que no me encaja eso de que la serie sea difícil de describir como estrategia de marketing. Parece ser más bien otra cosa que dice Wilson en una entrevista: «a grab bag of all my favourite things», esa bolsa en la que mete todas las cosas que le gustan. Una obra muy personal que es la evolución natural de lo que lleva ya años haciendo en su canal de Vimeo. El empujón para pasar de Vimeo a HBO se lo dio el productor y humorista Nathan Fielder, que en este vídeo nos cuenta cómo empezó todo. Al menos, hasta que llega ese giro inesperado:

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