Los extraños (Impedimenta, 2021) de Jon Bilbao es una novela corta que se lee en un par de horas, pero que deja una huella inquietante y duradera.
La historia arranca en una casa en Ribadesella, Asturias. La pareja protagonista, Jon y Katharina, vive un invierno gris, con las tensiones típicas de la convivencia. Sueñan con proyectos laborales y personales que no terminan de arrancar. Además, un embarazo no deseado parece intensificar esa cierta incomodidad mutua. Entonces, una noche, aparecen unas extrañas luces en el cielo.
Te estarás preguntando si es una de ovnis. No, no te subas aún a la nave del misterio. Jon y Katharina ven unas luces surcando el cielo nocturno, sí. Aparecen y desaparecen, pero en realidad sirven como preámbulo a la llegada del verdadero elemento disruptor: un primo lejano, Markel, acompañado de su asistente Virginia aparece en la casa poco después del espectáculo luminoso.
Si estabas aquí por el misterio, no te preocupes: lo extraño y perturbador de esta novela no desaparece con las luces alienígenas. Markel es un personaje enigmático con una historia familiar llena de agujeros. Jon se preguntará si ese es realmente el primo al que no recuerda, y tú también lo harás. Ni el primo Markel ni la misteriosa Virginia encajan en el lugar, ni siquiera en la historia, y sin embargo, poco a poco se van adueñando de la casa. La manera en que Bilbao construye esa invasión es sutil: es una acumulación de eventos que te harán sentir que algo se ha torcido.

Si eres fan de Cortázar, quizás estés pensando en su relato «Casa tomada». Hay similitudes, sí. Pero también muchas diferencias, empezando por la escritura de Bilbao, que es contenida y neutra. El narrador cámara cuenta en tercera persona lo que ve, sin apenas reflejar sus pensamientos. A mí me funciona, porque es de esos textos que obligan al lector a ser activo, a rellenar los huecos, como si Bilbao te dijera: «pon aquí el adjetivo que tú consideres, completa esta escena, o no lo hagas». He leído críticas que describen su prosa y los cabos sueltos que deja en la novela como un punto negativo. Para mí, es algo que le da un realismo brutal. En la vida real las cosas son así. No todo se explica, de la realidad solo captamos una parte, nuestro punto de vista.
Lo que sucede en la casa refleja esas luces que Jon y Katharina han visto en el cielo: no sabemos qué son, qué pretenden, qué buscan. Tampoco sabemos qué buscan Markel ni su acompañante, ni siquiera Jon y Katharina. Ellos son extraños entre sí, y los visitantes son espejos que parecen amplificar esa extrañeza.
Si un tema destaca en Los extraños, diría que es la incomunicación en la pareja. De hecho, la novela empieza con Jon y Katherine separados en la casa, cada uno en la habitación desde la que trabaja. Se comunican mediante un chat.
«Qué haces?»
La respuesta tarda en llegar. Debe estar terminando un párrafo.
«Dorsales oceánicas»
Ahora le encargan temas de geología. Antes fueron máquinas térmicas. Antes, física.
«Un té?»
De nuevo, la respuesta se demora.
«Luego. Tómalo tú»
No insiste. Es viernes; sabe que él quiere terminar la cuota semanal de capítulos y enviarla.
Como puedes ver, el diálogo tiene la misma importancia que lo que no se dice. Y es precisamente esa neutralidad la que genera inquietud. Bilbao no te dice qué pensar; te obliga a leer entre líneas, a percibir lo que no se menciona.
El final, te lo advierto, deja preguntas abiertas. En mi opinión, la incertidumbre no es un defecto, sino el núcleo mismo de la experiencia de lectura de esta novela, lo que la hace tan real. Lo extraordinario a menudo se cuela a través de una pequeña grieta de la vida, tan pequeña que ni la notamos.
Los extraños te gustará si te gustan las historias que incomodan con sutileza, sin sobresaltos. Si disfrutas de los libros donde el silencio y los gestos dicen más que los diálogos. Si te atraen los relatos breves que dejan un poso inquietante y más preguntas que respuestas. Si te gustan los relatos de Cortázar, Shirley Jackson o Samanta Schweblin donde lo cotidiano se deforma hasta resultar extraño. Si no necesitas un final cerrado para disfrutar de una historia que te haga pensar.
Esta novela fue mi primera lectura de Jon Bilbao (Ribadesella, 1972), un autor que, según me dice Internet, ha escrito una notable trilogía western que no conozco. Seguiré leyendo a este escritor en cuanto se abra un hueco en la larga fila de libros pendientes, sin duda.
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